Roxelana, Tiziano 1550
Roxelana, Tiziano 1550 - C.C

La desconocida historia de amor entre un Sultán y una esclava, a la que convirtió en Reina

Roxelana serviría como doncella de las concubinas del Rey, hasta que Solimán I se enamoró perdidamente de ella

MadridActualizado:

Por el año 1539 una joven de 15 años, llamada Aleksandra Lisowska –conocida en Occidente como Roxelana- , asistía silenciosamente a las necesidades de las concubinas del harén imperial de Selim I; cuando Solimán I «el Magnífico», primogénito del sultán, la vio por primera vez. La esclava de cabellos rojizos ensombrecía a todas las mujeres que se encontraban allí. Sus bellezas petulantes y un tanto altivas serían destronadas por la odalisca, cuya sonrisa parecía dibujar un camino hacia Solimán. Las ansias de amarse nacerían al instante y la esclava se consagraría como la musa del esplendor del Imperio otomano.

Solimán heredaría la hegemonía de Oriente; cuya extensión, flota y ejércitos amenazaban la supremacía occidental del Emperador Carlos V. Sin embargo, la bienaventuranza de este Sultanato no residiría en algunas glorias sobre el mar; si no la sensualidad de Estambul, un exotismo propio de la riqueza cultural, que alcanzó el Imperio otomano, gracias al mecenazgo de las artes y la filantropía de los Sultanes.

Roxelana se había convertido en el fuego que arrasaría con las viejas tradiciones del palacio de Topkapi, la mano alzada de un soberano poeta, el corazón por un Reino más justo, y el gran asombro de los monarcas europeos. Pues el Sultán había libertado a su enamorada de su condición esclava para casarse con ella, aún pasados muchos años de albores compartidos.

Hürrem – «la que trae alegría»-, como así la hizo llamar Solimán; se convirtió en la primera esposa en poseer el título de Haseki Sultana. Con esta distinción se consagró como la consejera principal de su marido, desempeñando un gran papel en los asuntos del harén y del Estado.

Ese amor desmedido hizo de la vieja esclava, la musa de los grandes proyectos artísticos, sociales y caritativos de Solimán; al que inspiró para crear la más ilustre época del Imperio otomano. Quizás se deba a esa naturaleza misteriosa del amor, la misma que provoca que las artes broten genuinas, hermosas y nobles; y que esa bondad innata en el sentimiento se extienda tras los abrazos en la alcoba.

La esclava

Alrededor del año 1510, Aleksandra Lisowska desconocía que se convertiría en el sol de Estambul, sino más bien se imaginaba una desgraciada al servicio de la maldad de sus raptores. Los tártaros la habían arrancado de su hogar, en el Reino de Polonia, para venderla como esclava en el palacio de Crimea. No obstante la peculiaridad de su pelo la haría destacar entre las demás vírgenes; razón por la que la comprarían como un obsequio para el harén de Selim I.

Con el corazón en un puño, y la angustia propia de una niña despojada de la protección de su padre, emprendería con sus intermediarios un largo camino a Estambul. Donde serviría a cada una de las concubinas del Sultán como doncella.

Harén del palacio de Topkapi
Harén del palacio de Topkapi - C.C

Al expirar Selim I, Solimán ocuparía su lugar y la privilegiada del harén sería su primera concubina Mahidevran. No obstante su arrogancia la empequeñecía, frente al lado del carácter jovial de la esclava pelirroja; quien empezaría a robarle al Sultán, los últimos pensamientos del día.

El periodista César Cervera expone en su obra «Los Austrias: el imperio de los chiflados» la ceguera de Solimán con la odelisca del Harem de Selim I: «La imagen de sultán cruel e implacable de Solimán (bastante justificada) se quiebra frente a su faceta más romántica. El sultán turco fue uno de los más notables poetas musulmanes del siglo XVI y un amante apasionado. Se enamoró hasta el tuétano de los huesos de Roxelana, una esclava pelirroja de origen eslavo que protagonizó un gesto insólito en los anales de la dinastía otomana. Solimán declaró libre a Roxelana y no solo se casó con ella, sino que la convirtió en su consejera en cuestiones políticas».

Un sello de amor

Solimán y Mahidevran -su primera concubina-habían tenido a Mustafá. Sin embargo, eso no era suficiente para evitar que el Sultán añorase ser querido por Hürrem. Aunque aún no llevaba nada en su vientre, comenzaba a ser la mujer de sus ojos; un asunto delicado que le costaría la rivalidad y todo tipo de intrigas descalificativas.

Odalisca con pantalones rojos, Henri Matisse
Odalisca con pantalones rojos, Henri Matisse- ABC

Cuanto más desacreditaban a la eslava, ella iría gestando en su vientre hasta seis hijos (de los cuales su hijo Selim II heredaría el trono). Hürrem y el Sultán habían desafiado la norma imperial otomana; la cual no permitía que las concubinas tuvieran más de un hijo con él. La finalidad del edicto buscaba proteger los intereses del Imperio de una acentuada influencia de una concubina sobre el Rey. Con ello también se velaba por la fidelidad al primogénito para evitar los terribles fratricidios durante la ambiciosa sucesión.

Em 1534 los enamorados volverían a desafiar a la tradición con el matrimonio entre una concubina que además había sido esclava durante los dos Sultanatos. Solimán amaba tanto a Hürrem que la convertiría en emperatriz consorte con el título de «Hakesi Sultana».

El esplendor del Imperio otomano

«Debemos tener presente que el Imperio otomano no era ni muchos menos inferior ni en territorios ni en ejército al hispánico y que ambos luchaban por mantener sus posesiones a lo largo del Mediterráneo y por ganar nuevas tierras con las cuales acrecentar sus respectivos imperios» expresó el historiador M. José Bertomeu Maniá en su obra «Cartas de un espía de Carlos V: La correspondencia de Jerónimo Bucchia con Antonio Perrenot de Granvela».

Cuando Solimán «el Magnífico» accedió al trono en 152o, su padre le había heredado un reino poderoso. La fuerza de su Ejército y la vasta extensión lo convertía en una gran potencia; que prometía desbancar Europa durante el Renacimiento, en el siglo XVI.

El Imperio otomano se estiraba a lo largo de 18 territorios: Alepo, Amasia, Anatolia, Argelia, Bagdad, Basra, Buda, Caramania, Damas, Diyarbekir, Dulkadir, Egipto, Erzurum, Galipolis, Mosul, Rumelia, Van, Yemen.

Asimismo otros estados del Imperio complementaban su fuerza, aunque de manera autónoma: Moldavia, Valaquia, Crimea, Georgia y Transilvania. Todos estaban obligados a pagar el tributo anual y ceder sus ejércitos durante los conflictos.

Soliman I, Tiziano (1530)
Soliman I, Tiziano (1530) - C.C

«Carlos V le dio importancia a la guerra contra el turco durante su reinado, y la explican gracias al hecho de que el emperador «se sentía obligado a actuar como adalid del mundo cristiano frente a la ofensiva de los musulmanes que crecía en medios de ataque y en capacidad de inspirar terror», recoge Bertomeu Maniá en su libro la preocupación del emperador.

Sin embargo, aunque se le atribuía una brutal ferocidad en el campo de batalla, era un firme defensor de la justicia.

Solimán se dispuso a limpiar las ciudades de los bandidos; pero con penas en las que los presos ya no pagasen con su vida, por lo que mereció el sobrenombre de «el Legislador»-. Asimismo redujo los impuestos a los cristianos, entre otras medidas que favorecían a su pueblo.

«La época de gobierno de este sultán está considerada como la de mayor esplendor del Imperio otomano y, desde luego, en el plano militar lo fue. El ejército turco contaba con más de 12000 jenízaros, soldados de élite. No debemos olvidar tampoco a los corsarios y piratas que mandaban sus propios barcos y trabajaban también para el Imperio, algunos de ellos muy conocidos como Hareyddin Barbarroja y Dragut Rais», escribió M. José Bertomeu Maniá.

Sin embargo, la justicia para con su pueblo fue lo que en verdad permitió que el Imperio otomano floreciese razón por la que los europeos le llamaban «el Magnífico». Porque además de las preocupaciones políticas de Hürrem y Solimán, el matrimonio estuvo activo buscando auxiliar a los más necesitados. Ambos destinarían esfuerzos en la creación de obras benéficas:comedores sociales «Jerusalén Haseki», «Imaret Haseki»-a los cuales asistían 500 personas diarias-, baños públicos, mezquitas, madrazas (escuelas de formación universitaria).

No obstante, el historiador Robert Irwing cuestiona si la preocupación de la Hakesi era un asunto de ella o del sultán en su libro «Arte islámico»: «A partir del siglo XIV, reinas y princesas empezaron a aparecer entonizadas como iguales en manuscritos ilustrados persas... Sin embargo, aún cuando la fundación lleva el nombre de una mujer, no está claro que esa mujer comenzase el edificio. En 1539 Sinán construyó un gran complejo de mezquita (incluía una madraza, un comedor popular, una escuela primaria, un hospital y una fuente) en el barrio Aksaray en Estambul. Aunque el complejo lleva el nombre de Haseki Hürrem, esposa de Solimán, se afirma que el sultán le ocultó la construcción del edificio hasta que estuvo terminado. En cualquier caso, es evidente que Solimán apoyó a su esposa en distintas fundaciones en otras partes de Estambul y el resto del Imperio otomano».

El arte perenne, la bandera otomana

Además de su labor filantrópica, los Sultanes erigieron un Imperio destinado a la creación; el cual se convertiría en arte gracias a su mecenazgo con las «Ehl-i-Hiref» (comunidades de talento).

Con el fin de estimular las artes y consagrarlas como la cultura del Imperio otomano; apoyarían a cada uno de los artesanos que acudían de cada uno de los dominios del reino, sin perpretrar ningún tipo de discriminación.

De esta manera, los encuadernadores, pintores, joyeros, peleteros, trabajadores del oro y demás artesanos fueron acogidos en el patrocinio del Sultanato. Ese dio lugar a un crisol de culturas perenne que a día de hoy perdura como su bandera.

Las intrigas

Los espías venecianos al servicio del Emperador Carlos V son la fuente más próxima que relataron sobre una serie de sucesos trágicos en el palacio Topkapi, sobre conspiraciones y fratricidios entre los hijos de Solimán.

Tal como recoge M. José Bertomeu Maniá en su obra obra editada «Cartas de un espías de Carlos V: La correspondencia de Jerónimo Bucchia con Antonio Perrenot de Granvela», la Hakesi se convertiría en la responsable de la muerte de tres de los visires del Sultán por inclinarse a favor de primogénito Mustafá en la sucesión.

«Las circunstancias de la muerte de Mustafá merodean alrededor de una conspiración entre Hürrem y el gran visir Rüstem pachá –quien era yerno del sultán pues estaba casado con una de sus hijas llamada Mihrimah- que buscaban que Selim –el hijo de los sultanes- heredara a su padre en el trono. De esta manera la sultana y el visir comenzaron a difundir rumores sobre un golpe de Estado con el que Mustafá pretendía derrocar a Solimán», explica Bertomeu Masiá.

Hürrem ansiaba de manera enfermiza que su hijo mayor Selim tomase las riendas del Imperio. Por esta razón, consideraba necesario eliminar al tan amado hijo de su esposo.

Como si se tratara de una fe ciega hacia la Hakesi, Solimán ordena asesinar a su hijo. Y sin ningún escrúpulo los soldados lo estrangulan con unas cuerdas a los pies de su padre.

No obstante, la desgracia comenzaría a perseguir a Hürrem. Y como la violencia se alimenta de sí misma; comenzaría a formarse una cadena inevitable, en la que dos de sus hijos se enfrentarían en la disputa del trono. Selim cometería fratricidio contra su joven hermano Bayezid para asegurar su hegemonía el Imperio otomano.

Sin embargo, el Sultán nunca pareció darse cuenta de las intrigas ponzoñosas de su amada esposa; a la que le dedicaría unos versos póstumos.

«Languidezco en la montaña del pesar / donde suspiro y gimo día y noche / preguntándome qué destino me aguarda / ahora que mi amada se ha ido»