Historia

Cuando Pepsi fue una «potencia militar» tras vender refrescos a la URSS a cambio de alcohol y armas

La empresa de bebidas recibió como pago a sus productos stock armamentístico ruso de la Guerra Fría. Un directivo de la compañía a un miembro de la administración Bush: «Estamos desarmando a los soviéticos más rápido que vosotros»

El logo de una Pepsi muy soviética

Son bien conocidas las dificultades que sufrieron los empresarios estadounidenses para poder colar sus productos en la URSS durante la Guerra Fría. Muchos de ellos, como fue el caso del ejecutivo de Pepsi, Donald M. Kendall, tuvieron que emplear auténticas virguerías para lograr hacer negocios con el gigante soviético, siempre poco receptivo a levantar el telón de acero y permitir el paso a todo lo que oliera a «Estados Unidos» o «capitalismo». La empresa capitaneada por el magnate de la industria del refresco se convirtió en pionera al conseguir convencer a los comunistas de que les permitiesen comercializar su producto estrella en la Madre Rusia.

La Pepsi de Krushev

El idilio de Pepsi con la Unión Soviética tuvo su inicio en el verano de 1959 gracias a la «Exposición Nacional Americana» celebrada en Moscú, con la que la administración del presidente Ike Eisenhower pretendía, mediante el empleo de la propaganda, hacer mella en la población rusa mostrando el modo de vida capitalista propio de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, como señala Rachel Barron en su obra monográfica «Richard Nixon: A politician» el gobierno norteamericano estaría «intentando lograr un mejor entendimiento con el premiere soviético Nikita Krushev», con quien las relaciones siempre fueron complicadas (no en vano sería uno de los protagonistas de la Crisis de los Misiles en el octubre de 1962).

La empresa capitaneada por el magnate de la industria del refresco se convirtió en pionera al conseguir convencer a los comunistas de que les permitiesen comercializar su producto estrella en la Madre Rusia
Fue durante la celebración de este acontecimiento cuando tuvo lugar el histórico debate entre el, por entonces, vicepresidente Nixon y el líder comunista -que guió a la Unión Soviética durante el proceso de desestalinización del país- ante la muestra de una «típica» cocina americana.

Durante el desarrollo de la exposición, Kendall tuvo el acierto de entregarle una de sus famosas bebidas de cola al presidente ruso, quien la consumió sin reparo alguno dando lugar a una de las fotos más icónicas de la Guerra Fría y convirtiendose en una publicidad sumamente valiosa para la firma americana.

Con el paso de los años el ahora presidente de la compañía de bebidas carbonatadas se lanzó definitivamente a negociar con la URSS el desembarco de Pepsi en los hogares rusos. Durante las negociaciones con el país comunista tuvieron que hacer frente a un obstáculo considerable: la forma de pago. El rublo no podía ser intercambiado en los mercados internacionales por lo que la compañía americana y el régimen soviético tuvieron que emplear toda su agudeza para alcanzar un acuerdo que llegó en la forma del producto más icónico con el que contaba el país de las estepas: el vodka.

El acuerdo entre la URSS y Pepsi se cerró a cambio de la entrega de grandes cantidades de Stolichnaya moscovita, con el cual la empresa dirigida por Kendall pretendía hacer negocio en Estados Unidos. Fue así como la firma norteamericana de bebidas se convirtió en la primera compañía en fabricar un producto netamente capitalista en suelo ruso.

El acuerdo (1972) fue sumamente beneficioso para ambas partes, Pepsi desembarcaba en el codiciado mercado soviético y el régimen (ahora dirigido por Leonid Brézhnev) realizaba el pago en especias con un producto del que se contaba con un amplio stock.

Refrescos por armas

En los años siguientes la empresa de bebidas abrió numerosas fábricas en Rusia, llegando a contar con unas 20 en 1989, año en que el contrato entre ambas partes espiró, por lo que los americanos y la administracion del ahora presidente Gorbachov tuvieron que sentarse a renegociar los términos del acuerdo.

La solución en este caso vino en forma de armamento militar. La URSS de principios de los años 90 se encontraba inmersa en un traumático proceso de desintegración. La que fue la principal competidora con Estados Unidos por la hegemonía mundial se había convertido en un gigante con pies de barro debido al colapso económico que sufrió a finales de la década de los 80, y que estuvo motivado en parte por la extenuante competencia librada «a cara de perro» con la nación capitalista. Un enfrentamiento que se remonta, como muy acertadamente señala Julio Sau Aguayo en una de sus obras, a la misma Segunda Guerra Mundial, tras cuya finalización las tensiones se hicieron más que evidentes en la cumbre celebrada en Potsdam (verano de 1945).

Ante esta situación, el decadente estado soviético ofreció a la corporación estadounidense el pago de su producto en armas, algo que ahora que la Guerra Fría llegaba a su fin les sobraba
Ante esta situación, el decadente estado soviético ofreció a la corporación estadounidense el pago de su producto en armas, algo que ahora que la Guerra Fría llegaba a su fin les sobraba. De este modo el trato se produjo a cambio de la entrega por parte de Rusia de 17 submarinos, un crucero, una fragata y un destructor, lo que provocó que la empresa de bebidas de cola se convirtiese -durante el breve periodo de tiempo en el que contó con todo ese arsenal en su poder- en la sexta potencia militar a nivel mundial. Esto dio lugar además, según The New York Times, al desarrollo de una hilarante escena protagonizada por Kendall y el Consejero de Seguridad Nacional de la administración Bush: Brent Scowcroft. A propósito del cobro en armamento que recibió Pepsico, Kendall espetó al miembro del gobierno en tono de chanza: «estamos desarmando a los soviéticos más rápido que vosotros».

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