Berraondo, el seleccionador español que accedió a entrenar al Madrid al mismo tiempo… y fracasó

En 1928, el club blanco le hizo una oferta mientras entrenaba a España y aceptó, compaginando los dos cargos sin ninguna polémica por ello

MADRIDActualizado:

Tendríamos que retroceder hasta 1928 para ver un caso parecido, solo que entonces no causó la más mínima polémica y apenas se le dedicó ni media línea en los medios de comunicación. Esta semana, sin embargo, el anuncio del fichaje de Julen Lopetegui por el Real Madrid, a 48 horas del debut de España en el Mundial de Rusia, ha caído como una bomba en la Federación Española de Fútbol. A su presidente, Luis Rubiales, muy disgustado por las formas y el momento, no le ha temblado el pulso y ha destituido al entrenador.

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A finales de la década de los años 20 del siglo pasado, José Ángel Berraondo no recibió ninguna crítica ni fue destituido de su cargo de seleccionador nacional cuando, a las puertas de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, recibió una oferta para entrenar al Real Madrid y la aceptó. Ni siquiera tuvo que dejar ninguno de los dos cargos. A lo largo de dos años los compaginó sin recibir ataques por ello, aunque cosechó pésimos resultados con ambos equipos. Tan malos que, al finalizar la cita olímpica, abandonó el fútbol para siempre.

Berraondo ya había sido nombrado seleccionado en 1920, para que España se preparara por primera vez para participar en unos Juegos Olímpicos: los de Amberes. Su responsabilidad se basó principalmente en la elección de los jugadores junto con Julián Ruete y Paco Bru. Fue finalmente este último el primer entrenador de la historia de la selección española, que dirgían los tres en una especie de triunvirato.

En 1921, Berraondo dimitió de este cargo por su negativa a aceptar presiones para alinear determinados jugadores. El tripartito se deshizo, pero en los años posteriores el vasco recibió varias ofertas para dirigir al combinado nacional, que rechazó siempre. La primera, tras el fracaso de España en los Juegos Olímpicos de París, en 1924, que no aceptó por ser incompatible con su trabajo de redactor jefe de deportes del periódico «El País Vasco». Al año siguiente se volvió a producir la oferta, sin ningún éxito.

Real Madrid y selección española

En julio de 1927, el entrenador vasco fue nombrado una vez más seleccionador español por aclamación en la asamblea de la FED. Esta vez aceptó para encargarse de la temporada de preparación para la cita olímpica de Ámsterdam en el verano siguiente. El anterior triunvirato –que por aquella época era tan común en la dirección deportiva del equipo nacional– fue suspendido y se decide que Berraondo sea el único entrenador responsable. Su capacidad y sus conocimientos no podían ser negados. Había sido jugador de la Real Sociedad y del Real Madrid, y tras su retirada de la práctica activa del deporte, fue también árbitro, directivo del equipo blanco y, como ya apuntamos, seleccionador. Así pues, Berraondo volvió a coger las riendas del equipo español justo el año en el que el fútbol se declaró profesional.

La oferta del Real Madrid llegó solo dos meses después. El 13 de septiembre de 1927, el diario «La Libertad» se hacía eco de la noticia, pero no le dedicaba más de tres líneas: «Antes de que finalice el mes, llegará a Berraondo a la capital para hacerse cargo de la dirección de los jugadores del Madrid». Y diez días después, ABC le dedicaba solo una línea a la llegada del entrenador a la ciudad. «La Libertad», de nuevo, informaba el mismo día del partido que Berraondo había organizado entre dos posibles selecciones madrileñas, de cara al partido que la Comunidad de Madrid iba a jugar contra la selección catalana. Al míster le sobraban los equipos, pero en los medios nadie habló de que Berraondo había aceptado ambos cargos, los cuales desempeñará durante la temporada 1927-28.

El fracaso

Los problemas, sin embargo, llegaron pronto. Como entrenador de España, Berraondo no pudo llevar a cabo su plan de entrenamientos periódicos por la falta de días libres. Antes de las olimpiadas, solamente pudo dirigir al equipo en dos partidos amistosos de preparación a lo largo de la primera mitad de 1928. Uno frente a Portugal y el otro frente Italia, ambos saldados con empates. Los ataques no se hicieron esperar: «¿De quién es el fracaso? Del seleccionador directamente, no cabe duda. Quien asume la responsabilidad de un cargo tan delicado sabe de antemano que para él han de ser todas las censuras, si a ellas hay lugar. Y también de que los aplausos y las felicitaciones, en su caso, serán dirigidas a los jugadores. Por eso, la crítica en general y la mayoría de los aficionados señalan al señor Berraondo como culpable del resultado no victorioso», podía leerse en ABC, el 29 de abril de 1928.

Tal es así que presentó su dimisión poco antes de la cita olímpica, disconforme con los medios que la FED habían puesto a su disposición. Esta no fue aceptada y Berraondo fue a los Juegos Olímpicos, que era una competición amateur, con jugadores no profesionales. Todo lo contrario de lo que hicieron las otras selecciones. Faltaban las principales figuras del fútbol español, como el portero Ricardo Zamora, José Samitier o Vicenç Piera. Aún así, la cita de Ámsterdam comenzó con una abultada vitoria (7-1) frente a México y un empate contra Italia (1-1). En el desempate, los italianos nos barrieron 7-1 y nos echaron del torneo. Las críticas por los resultados y por no llevar a nuestras estrellas fueron despiadadas.

En el Real Madrid no fue mejor. El equipo quedó segundo en el Campeonato Regional Centro, perdiendo ante su eterno rival, el Athletic Club de Madrid. Y en la Copa cayó en cuartos de final frente al Valencia C.F., un equipo que no era considerado importante en aquellos años. Tras la desastrosa temporada en la selección y en el Real Madrid, Berraondo abandonó el mundo del fútbol y desapareció por completo de las páginas deportivas durante muchos años.