La recuperación de Bahía por Fadrique Álvarez de Toledo y Mendoza, óleo sobre tela de fray Juan Bautista Maíno
La recuperación de Bahía por Fadrique Álvarez de Toledo y Mendoza, óleo sobre tela de fray Juan Bautista Maíno - ABC
SIGLO XVI: IMPERIO ESPAÑOL

Cuando España expulsó a Holanda de Salvador de Bahía en 1625

Los dos países se reencuentran cuatro años después de la final del Mundial de Sudáfrica, y 389 años después de disputarse la capital de la otrora colonia portuguesa

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En 1625, una flota dirigida por el español Fadrique de Toledo derrotó a los holandeses en la ciudad brasileña de Salvador de Bahía, donde este viernes se producirá el debut de España contra Holanda en el Mundial de Fútbol. Con una flota de 26 navíos con 450 cañones y 3.500 soldados de desembarco, el marino español recuperó la ciudad más importante de entre las colonias portuguesas, entonces integradas en el Imperio español.

Un año antes, una flota holandesa dirigida por Jacobo Willekens había asaltado Salvador de Bahía, otrora capital de Brasil, y había reducido la guarnición de la ciudad gobernada por Diego Mendoza Furtado. Mientras los asaltantes holandeses saqueaban y conquistaban las posiciones defensivas, la población abandonó la ciudad.

Aunque el ímpetu inicial auspició el saqueo indiscriminado de la zona, Holanda tenía muy claro el valor estratégico de la ciudad y no estaba en sus planes irse de allí. Desde que comenzó la Guerra de los 80 años, donde el Imperio español se enfrentaba a las Provincias Unidas, la flota holandesa no dejó de mirar con envidia malsana hacia los territorios españoles de ultramar. En el año 1624, la llamada «Tregua de los doce años» había llegado a su fin y la flota holandesa estaba impaciente por sacar el máximo rédito al reinicio de las hostilidades.

Las noticias de la toma de la capital brasileña llegaron a la Península Ibérica y desde Cádiz y Lisboa se organizó una gran expedición para expulsar a los holandeses. Era la flota más grande que hasta entonces había cruzado el Atlántico, unas aguas acostumbradas a pequeñas escaramuzas de pocos bajeles. A su frente, se puso el español Fadrique de Toledo, capitán general de la Armada del Mar Océano, que había vencido varias veces en combates navales a holandeses e ingleses.

La expedición hispano-lusa

El 29 de marzo de 1625, casi una treintena de barcos españoles y portugueses bloquearon la bahía. Pocos días después, desembarcaron las tropas con 3.500 hombres de la temida infantería hispana. No en vano, el asedio se prolongó durante un mes hasta que los holandeses se rindieron.

Las tropas españolas tomaron 18 banderas, seis naves, 260 caños y 500 quintales de pólvora, además, recuperaron las mercancías saqueadas en la toma de la ciudad, valoradas en 300.000 ducados. En el apartado de bajas, en el bando hispano-luso falleció el maestre de campo Pedro Ossorio, seis capitanes y 65 soldados.

Unos meses después arribó en Salvador de Bahía otra flota holandesa, con 34 buques, que desconocía que el asedio español había desembocado en una gran victoria. Sin rastro de los defensores holandeses, la sorpresa de la flota de refuerzo debió ser monumental cuando se topó con la peor bienvenida imaginada: los galeones españoles señalando la puerta de salida.

La expulsión de los holandeses de Bahía, la conquista de la ciudad de Breda y el fallido intento inglés por conquistar Cádiz convirtieron a 1625 en el llamado «annus miravilis». Dios era español, se decía. Por desgracia, aquellos eran los últimos destellos de un Imperio que ya estaba herido de muerte desde hace años.