Jordi Gracia publicó a finales de 2011 un librito, un panfleto —él lo llama así— titulado El intelectual melancólico. Pero, sobre todo, lo que hay son cofrades melancólicos.
LA historia es bien conocida. La noche del 22 de marzo de 1897, cuando, en compañía de su amigo y confidente Alexei Suvorin, acababa de sentarse en una mesa del mejor restaurante de Moscú, Antón Chéjov notó que le brotaba sangre de la boca.
Por supuesto, hubo diversas cargas de los agentes y unos cien seguidores retenidos en el Paseo de los Melancólicos a la espera de que se calmaran los ánimos.
El melancólico, subrayó, «es un homo europeus intellectualis con una tendencia inagotable a la reflexión... Los intelectuales del Este eran melancólicos pero irónicos y, a la vez, utópicos realistas: ¡toda una paradoja!
Con un marcado carácter autobiográfico, sus fotografías la muestran en escenarios melancólicos, habitaciones en las que la artista retrata la soledad, el olvido y el paso del tiempo.
Por supuesto, hubo diversas cargas de los agentes y unos cien seguidores retenidos en el Paseo de los Melancólicos a la espera de que se calmaran los ánimos.
Son Isabel Freire y/o Beatriz de Sá las damas que laten detrás de la Galatea y la Elisa de sus apasionados y melancólicos versos?
Cuántas convenciones tendrán que organizar estos centristas melancólicos para reconocerse al fin como un gran partido liberal-conservador?
Cultura
Pero el gran público descubre algo todavía más precioso: fabulosos mares y corrientes iluminados por una luz tan pura y nueva como melancólica.
Por supuesto, hubo diversas cargas de los agentes y unos cien seguidores retenidos en el Paseo de los Melancólicos a la espera de que se calmaran los ánimos.