Kazinsky viajaba a la localidad rusa de Katyn para rendir homenaje a los veinte mil soldados e intelectuales muertos hace 70 años a manos de los rusos.
En 1990 Mijail Gorbachov admitía públicamente algo que ya pocos dudaban: en marzo de 1940 la temible NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos del Interior), el servicio secreto de la URSS y germen del KGB, había dado muerte a 25.000 polacos
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Durante los últimos días la oposición conservadora, liderada por Jaroslaw Kaczynski, había pedido calificar la matanza de Katyn de genocidio, aunque finalmente la cámara baja ha optado por una definición más suave.
En el accidente en el que murieron el presidente polaco, Lech Kaczynski, y 95 personas más ha habido mucha cabezonería. Para empezar, si las autoridades rusas no mienten, la cabezonería de empeñarse en aterrizar en un aeropuerto cerrado por la
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Putin, por su parte, telefoneó a Tusk, con quien después se reunió en el lugar de la tragedia: Katyn.
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Unos 22.000 fueron exterminados por el NKVD en Katyn y enterrados en varias fosas comunes.
Si el traidor exterminio de Katyn tuvo tintes griegos, el desenlace de su conmemoración, degenerado casi en un "Katyn 2", roza el absurdo.
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EFEEl presidente polaco, Lech Kaczynski, deposita una corona de flores ayer en Katyn (Rusia)RAFAEL M. MAÑUECOCORRESPONSALMOSCÚ.
Andrzej Wajda, el oscarizado cineasta de «Katyn», decía que sin aquel drama «hoy seríamos otra nación». También, este «Katyn 2» que dice Walesa, verá otra Polonia.
Un tapiz de cenizas queda atrás en el bosque de Katyn, pero una alfombra de flores y velas rodea ahora el palacio del nuevo presidente Komorovski.