Lejos de ser una invención de Poleró, Glendinning mantiene otra tesis. En resumen, Glendinning mantiene que se trata del Gigante del inventario de 1812, número 18.
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Glendinning critica con ironía en el ensayo algunos errores de la estudiosa así como muchas de sus interpretaciones y datos que desmontan los argumentos de su colega.
Glendinning, que arribó a Madrid para la inauguración de la muestra «Goya en tiempos de guerra», estuvo el lunes en el Prado admirando, según sus palabras, «la magnífica exposición», comisariada por Manuela Mena.
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Glendinning les reprocha a ambas investigadoras que no hayan fundamentado sus teorías en estudios científicos. Glendinning ensalzó el trabajo de Jesusa Vega, de la Universidad Autónoma, que «posee una visión actualizada del arte de Goya».
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En medio de la polémica, Mena llegó incluso a compararle con un «callista»: «Nadie le reconoce (a Glendinning) como un especialista de museo, no lo es.
Pero el Museo del Prado y Nigel Glendinning no tardaron en echar por tierra la teoría de Junquera.
Según Glendinning, parece que era un hombre «un poco colérico, apasionado, desde luego y, sin embargo, es muy de su tiempo, con gran respeto por la razón y el orden».
La comisaria de la exposición, al igual que el director del Prado, tuvieron destacadas apariciones en la prensa el pasado verano, tras la polémica desatada por las declaraciones de Glendinning.
Acabo de leer la crónica de su corresponsal en Londres publicada el pasado 10 de noviembre y en la que se recogen algunas opiniones del profesor Glendinning acerca de mi libro The Black Paintings of Goya, que me gustaría puntualizar.
Según Glendinning, estas cartas rompen la creencia de que Goya «representaba a los reyes más feos de lo que eran en realidad».