LE han temblado las piernas. Ni siquiera la fuerza simbólica del mantra antinuclear, tan grato a su imaginario de progresía años ochenta, ha podido empujar al presidente a hacer lo que le pedía el cuerpo en Garoña, que era echar el cerrojazo en
A esto hay que añadir el «garoñazo», la anulación días después de publicar la licitación del estudio informático de la N-1 y, en consecuencia, suprimir la inversión de más de 72 millones de euros que en el Plan Garoña se incluía.