El señor Domenchina, desde luego, no tenía pelos en la lengua, y mucho menos en la máquina de escribir. Con esa labia, la vida de Juan José Domenchina no podía ser fácil.
CUANDO surge el tema de la diáspora republicana nada de particular tiene que se citen unos versos de «Entre España y México» de Pedro Garfias, poeta de la vanguardia («El Ala del Sur»), de la guerra («Héroes del Sur») y del exilio
Tengo sistemáticamente presente aquel definitivo y duro artículo de Juan José Domenchina «El profesor inútil», publicado en La Voz el 30 de abril del año 1934.
Posteriormente, con ocasión del centenario de su nacimiento, se dieron a la luz nuevas cartas y, entre ellas, las dirigidas desde el exilio francés al poeta Juan José Domenchina, que fue su secretario personal.
CUANDO surge el tema de la diáspora republicana nada de particular tiene que se citen unos versos de «Entre España y México» de Pedro Garfias, poeta de la vanguardia («El Ala del Sur»), de la guerra («Héroes del Sur») y del exilio
Cultura
Después de la muerte de su marido, el también escritor y secretario personal de Manuel Azaña, Juan José Domenchina, en el exilio mexicano a comienzos de los años 50, la poeta se volcó primero a la mística y después a la religión.
Consta de alrededor de 3.000 volúmenes, casi todos posteriores a la Guerra Civil (su casa fue destruida en 1936 por estar en la línea del frente de la Ciudad Universitaria), aunque hay algunos anteriores. Asimismo hay numerosas revistas poéticas