«Para ganar hay que apostar». Es la máxima de Miguel Tendero ante la cita clave de su vida: su alternativa. La lluvia haló hasta Madrid su sueño de convertirse en matador de toros anteayer en Nimes. «Pero no hay mal que por bien no venga»,
Será un sprint de fuerza, de garra. «Si hay que arrimarse a la valla, me arrimaré», dice.
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Y si la cosa se complica, me arrimaré como el que más, pero me gustaría demostrar, como hice el 15 de agosto, que sé torear con sentimiento y que soy algo más que un torero guerrero».