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El favorito de Moncloa

Actualizado 31/08/2003 - 09:45:47
Mariano Rajoy junto a José María Aznar en un pleno del Congreso. Ernesto Agudo
Mariano Rajoy junto a José María Aznar en un pleno del Congreso. Ernesto Agudo
MADRID. Esta vez no ha habido sorpresa en la elección de Aznar. El vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, era el mejor situado en las «quinielas» internas del PP desde las elecciones municipales de mayo y la posterior crisis abierta en el PSOE. Rato tenía más apoyos internos, Mayor Oreja mejor imagen y ambos dos una relación personal más estrecha con Aznar. Rajoy era el aspirante con menos aristas y el favorito en medios de La Moncloa. Al final es el elegido. Era y es, al menos de entrada, el dirigente que mejor garantiza la continuidad de proyecto y, sobre todo de equipos, dentro del Gobierno del PP. Igual que para los numerosos partidarios de Rodrigo Rato el vicepresidente segundo era el sucesor «lógico» por peso en el partido, preparación y méritos acumulados en la gestión de la política económica, en los medios «monclovitas» era Rajoy el mejor aspirante por conocimiento de la Administración, actitud conciliadora y carácter dialogante. Por no tener no tenía propiamente ni equipo de fieles dentro del Gabinete -sólo se puede considerar de verdad afín a su persona la ministra de Sanidad Ana Pastor-, pero al tiempo no provoca incomodidad alguna en sector alguno del partido.
Otro factor que ha podido jugar a favor de la elección de Rajoy es la debilidad del adversario. Si el PSOE hubiera salido mejor parado de las elecciones municipales y no hubiera quedado tan en evidencia la falta de liderazgo de Zapatero, quizá Aznar hubiera tenido que recurrir a un candidato de perfil más «duro» y combativo, dicen en el PP.
Ante la posibilidad de que el Partido Popular tenga que negociar con los nacionalistas catalanes tras los próximos comicios si no alcanza la mayoría absoluta -la victoria la dan hoy por hoy por descontada- también parece Rajoy el dirigente más apto.
Los motivos del descarte de Rato, que ahora parece previo a las reflexiones veraniegas de Aznar, son la gran incógnita del proceso sucesorio hasta para los propios partidarios del responsable de la política económica. El vicepresidente segundo se ha comprometido a respaldar al sucesor y seguir en el Gabinete, pero queda por ver qué hará tras las próximas generales. Objetivo preferido por la oposición para sus ataques durante estos últimos siete años, Aznar le ofreció que eligiera cargo en 2000, pero declinó el posible ascenso. Ha sido el aspirante que más claro dejó entrever su disposición a tomar el testigo, el único que lo dijo en público. Era en diciembre de 2002, en declaraciones a ABC. En los últimos meses, las tendencias se invirtieron. Rato pasó a ser mucho más discreto sobre sus aspiraciones y Rajoy, que parecía partir en segundo lugar, se fue creciendo hasta en sus frases más célebres por enrevesadas. En la respuesta al «espontáneo» Alberto Ruiz-Gallardón, que saltó al ruedo de la sucesión tras ganar en Madrid, lo dejó todo lo claro que se puede esperar de él: «Cuando uno juega a todo, lo que le puede pasar es que se quede sin nada; y cuando uno no juega a nada, lo que le puede pasar es que tenga lo que quiere. El problema es qué es lo que uno quiere, y es cuanto puedo decir sobre este proceloso asunto». Rajoy no ha jugado a nada, que se sepa, y ha llevado su título de vicepresidente primero sin llamar demasiado la atención pese a que el cargo era una magnífica pista.
En fuentes de la dirección del PP reconocían antes de saberse la decisión de Aznar que, propusiera a quien propusiera de los cuatro dirigentes más citados -Rato, Rajoy, Mayor y Acebes-, el Comité Ejecutivo el lunes y la Junta Directiva Nacional el martes aprobarían con entusiasmo la propuesta del jefe y todos se aprestarían a cerrar filas con el candidato. No en vano se la jugarán todos ellos ante las urnas dentro de siete meses.
«Aznar lleva tomando todas las decisiones en el partido desde 1990 y, desde luego, no se puede decir que nos haya ido nada mal». Ese es el razonamiento de un veterano dirigente del partido, muy extendido en toda la organización y que resume la aceptación que tendrá Rajoy, como la hubiera tenido cualquiera de los descartados.
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