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De la «ballena blanca» de Rato al «¿no sabe?, no contesta» de Rajoy en las entrevistas de ABC

Alberto Ruiz-Gallardón consideraba que si el partido le pedía que diera el paso no tenía «respuestas preconcebidas» dada la «gravedad intelectual» del asunto

Actualizado 31/08/2003 - 05:00:04
MADRID. Ambigüedad, cierto toque de ingenuidad e, incluso, dosis de ironía han sido los recursos más frecuentes que han abrazado durante los últimos meses los candidatos a ser designados por José María Aznar como herederos de la candidatura a la presidencia del Gobierno. Si el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Rodrigo Rato, fue el primero que se desmarcó verbalmente con su ofrecimiento y disponibilidad para ser nombrado futuro Jefe del Ejecutivo, las declaraciones públicas de Mariano Rajoy -receptor, finalmente, del preciado testigo de la sucesión-, Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja y Alberto Ruiz-Gallardón estuvieron siempre presididas por la cautela y, especialmente, por los puntos suspensivos.
Las preguntas de los informadores a los candidatos a suceder a Aznar en la Moncloa han sidoconstantes, incesantes y hasta un punto apabullantes. Pero las respuestas han tenido siempre el mismo talante: frases entrecortadas e incertidumbre ante la incógnita. Despejada ésta, se echa la mirada atrás para detectar el más mínimo indicio de que alguno de ellos supiese algo. Pero nada.
Mariano Rajoy
Vicepresidente primero del Gobierno
El propio Mariano Rajoy, próximo candidato del PP a sentarse en el sillón presidencial en las próximas elecciones generales, declaraba hace unos meses al director de ABC, José Antonio Zarzalejos,que «estoy para lo que estoy y soy vicepresidente del Gobierno». No cerraba ninguna puerta, por tanto; si bien en las múltiples comparecencias ante la Prensa tras los Consejos de Ministros de los viernes, Rajoy ha hecho continuamente alarde de su carácter gallego y ha resuelto con burlas la cruzada de preguntas a la que le sometía la Prensa. Si Aznar había dicho, el pasado 18 de julio que el candidato sería, en cualquier caso, «buenísimo», el todavía vicepresidente primero del Gobierno aludía sarcásticamente a ese apelativo diciendo que estaba totalmente «de acuerdo con eso». «Además -añadía-, yo me siento identificado con el presidente siempre».
Rodrigo Rato
Vicepresidente segundo del Gobierno
Tal ambigüedad no fue el camino elegido por Rodrigo Rato quien, el 5 de enero de 2003, confirmaba a este periódico su disponibilidad al cargo: «La presidencia del Gobierno no es para mí un objetivo vital, aunque me parece legítimo que pueda serlo. En mi caso estoy en condiciones de aceptar esa responsabilidad si mi partido tomase esa decisión».
Enfatizó igualmente en esta ocasión el ministro de Economía la importancia de la decisión que Aznar tenía en sus manos, acudiendo a la metáfora de que «la presidencia del Gobierno es un «Mobby Dick», una ballena blanca». Pese al revuelo social que alcanzaron las palabras de Rato, al ser el primero en «ofrecerse» a su amigo Jose -es de los pocos dentro y fuera de la Moncloa cuya confianza con el presidente le permite llamar Jose, sin acento, a Aznar-, Rato también confesó en la misma entrevista que como político había sido lo que deseaba ser en el Gobierno español, es decir, responsable de Economía, aunque dejabala puerta -de nuevo- abierta a lo que pudiese acontecer.
Tal vez esperaba que Aznar tuviese bajo la manga la prueba de fuego para sus veinte años de amistad trabajando codo con codo junto al Jefe del Ejecutivo, prueba que, la confirmación oficial de ayer de que será Rajoy el sucesor, resultó infructuosa al no resolverse a su favor.
Jaime Mayor Oreja
Presidente del Grupo Popular en el País Vasco
Pero si ha habido uno de los implicados en la carrera de la sucesión que menos se ha pronunciado ante el intenso debate surgido en torno a ella ése es Jaime Mayor Oreja.
Quizá por la eventual distancia que le separa de Madrid desde la presidencia del Grupo Popular en el País Vasco, quizá por el error que acababa de protagonizar recientemente en la Cámara vasca -cuando propició con su retraso en la votación que el lendakari Juan José Ibarretxe salvara sus Presupuestos de corte soberanista-, Mayor subrayó en la entrevista concedida a ABC a principios de este año que ese tema «es lo que menos me importa. Lo que afecta a mi carrera personal es lo menos relevante en estos momentos».
Pese a que las encuestas le han situado en todo momento como el preferido para la ciudadanía española en la lucha sucesoria, el que fuese cinco años ministro del Interior no ha querido volver a opinar, al menos a la luz pública, sobre los resultados que barajaba en su «quiniela» personal. Su peso en el partido, que no ha mermado un ápice aun con kilómetros por medio, y la buena imagen de la que goza ante el público no han sido suficientes avales para ser tocado por la «batuta» de Aznar.
Ángel Acebes
Ministro del Interior
Por su parte, el siempre discreto ministro del Interior, Ángel Acebes, fue sumado a la carrera sucesoria ante los reiterados elogios que el presidente del Gobierno le destinaba por su labor al frente de ese departamento. Sin embargo, Acebes se esforzó siempre en desvincular tales alabanzas de las interpretaciones en clave política. El pasado 28 de julio, sin ir más lejos, ante sus más frecuentadas intervenciones públicas durante el periodo estival, se empezaron a achacar éstas a un motivo sucesorio más; atención que el responsable de Interior desvió al incidir en que acontecimientos como el terrorismo, la inmigración o el terrorismo le llevaban a la tarima para «informar a los ciudadanos», sin ninguna otra finalidad. «Interior es lo único que me importa y lo único que me mueve y lo que va a continuar moviéndome en el futuro», fue la frase con la que sentenció el enigma Acebes, aunque su nombre estuvo sobre la mesa de Aznar hasta última hora.
Alberto Ruiz-Gallardón
Alcalde de Madrid y presidente en funciones de la Comunidad madrileña
Parecía tenerlo muy claro Acebes, no menos que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Tras la aplastante mayoría absoluta que consiguió en las elecciones autonómicas y municipales del 13-M y que lo aupó hasta la Casa de la Villa, se vislumbró la alcaldía madrileña como el trampolín político de lanzamiento del joven y renovador Alberto. Él, no obstante, no contemplaba tal intención: «La alcaldía de Madrid es, en sí misma, mucho y es, para mí, una nueva oportunidad. Pero le aseguro que la decisión de optar a ese puesto no es instrumental. Sería posible utilizarlo como plataforma. Pero ésa no es mi intención».
Formulaciones éstas que, en una entrevista concedida al director de este periódico, sólo unas semanas antes de convertirse en alcalde de la capital, conducían a Ruiz-Gallardón a la tesitura de que, si su propio partido le plantease la sucesión, «sería una situación de tal gravedad intelectual que no se pueden tener respuestas preconcebidas. Precisaría de una reflexión, un análisis de las propias posibilidades, un proyecto y un equipo de personas para lograrlo, sobre la base de que la presidencia del Gobierno no puede ser un objetivo final sino el inicio de un propósito de transformación, ejecución de un proyecto. No se pueden tener respuestas anticipadas, sería una improvisación en un asunto, insisto, de tanta gravedad intelectual», decía el alcalde madrileño
En cualquier caso, Ruiz-Gallardón no ha tenido que enfrentarse a esa «grave» situación y es que compaginar la alcaldía de la capital española, la presidencia en funciones de la Comunidad de Madrid -cargo que ostentará hasta que el próximo 26 de octubre se repitan las elecciones autonómicas madrileñas- y, además, la presión de ser mentado como candidato a la sucesión de Aznar en el Partido Popular se antojaba, cuanto menos, excesivo. El cóctel hubiese sido espectacular.
Nombre y apellidos de una libreta
La libreta azul de José María Aznar no permitió ese espectáculo, sino que escondió hasta dos días antes de la fecha oficial un nombre y apellido: Mariano Rajoy. El cuaderno del presidente siguió, en esta ocasión sí, los designios de la sociedad española que, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), fechado entre los días 2 y 8de julio, otorgó al vicepresidente primero del Gobierno la calificación más elevada entre los ministros, 4,5 puntos. Aznar, con 4,46 puntos, debió ver en el mejor expediente del gallego el último escollo para salvar su decisión. Y ha sido precisamente el depurado talante de Rajoy, fiel al estilo de sus paisanos, lo que hace despertar ahora la duda de si realmente no sabía «nada» acerca de su importante ascenso político. Se admiten apuestas, señores.
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