
Raina Kabaivanska,ayer, en Madrid EFE
MADRID. El próximo lunes, dentro de su ciclo de conciertos líricos, la soprano búlgara, afincada en Italia, Raina Kabaivanska ofrecerá un programa donde interpretará fragmentos de algunas de sus heroínas más emblemáticas, como «Tosca» y «Madama Butterfly», ambas de Puccini. Óperas que ha interpretado en más de 400 ocasiones. Sin embargo, la soprano no quiere decantarse por ningún papel en concreto. «Siempre he amado lo que he hecho y el artista -subraya- debe entregarse a su personaje hasta el punto de creer que es él», explica. Kabaivanska es una de las pocas voces míticas de la lírica que siguen en activo, aunque ya ha empezado su ronda de representaciones de despedida del público. Lo hizo en Oviedo la pasada temporada, y lo hara la próxima en el Teatro Real, donde se despedirá de su personaje de Tosca frente al púbico español. «Aunque todavía me quedan muchas despedidas», bromea. Esta soprano posee una de las carreras más longevas de la lírica: 45 años dedicados a la ópera. Gracias, según ella, «a la técnica y a la pasión por lo que hago». Por eso, insiste, «mientras me quede un poquito de voz seguiré cantando, porque la música es mi vida. Me enriquece y me permite vivir en otro mundo, en otra época».
Cuatro lustros paseándose por los mejores teatros del mundo es digno de elogio, con la particularidad de ser siempre ella misma, ajena a las leyes de mercado, a las exigencias de los agentes, alejada de la exclusividad de un sello discográfico. «Siempre he elegido lo que he querido hacer y he rechazado muchas ofertas en mi carrera», y se enorgullece de haber tenido «el amor del pueblo, el «furor del popolo»», se ríe. Cuando se aleje de los escenarios se dedicará a la enseñanza, un camino que ha emprendido durante el último lustro a través de su fundación. Sobre la actitud de los jóvenes ante la lírica se muestra un poquito escéptica. Afirma, al respecto, que «hay algunas grandes promesas», pero que están amenazadas por la velocidad con que se mueve el mundo en el que se vive ahora, que tiende a «quemar pronto» los talentos que despuntan. Además de las facultades vocales, Kabaivanska considera elementos primordiales para hacer carrera el «conocer la música: a los compositores, a otros cantantes legendarios -algunos sólo conocen a Boccelli-, y sentir un gran respeto por el público». Sobre el futuro de la ópera es optimista y cree que permanecerá «aunque muchos se empeñen en matarla como algunos directores musicales y de escena», bromea. Sobre estos últimos, no tiene muy buen concepto, «son horribles», e incluso confiesa que en dos ocasiones abandonó la ópera por problemas con el director de escena. «Los artistas deberían negarse a algunas cosas», concluye.



