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Los obispos vascos rechazan la ilegalización de Batasuna y auguran «consecuencias sombrías»

En una carta pastoral conjunta, los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria muestran su preocupación porque la ilegalización de Batasuna traiga «consecuencias sombrías que prevemos como sólidamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas».

Actualizado 31/05/2002 - 01:38:57
Juan María Uriarte. ABC
Juan María Uriarte. ABC
MADRID. La pastoral, titulada «Preparar la paz», está firmada por los obispos de San Sebastián, Juan María Uriarte; de Vitoria, Miguel Asurmendi; de Bilbao, Ricardo Blázquez; y su auxiliar, Carmelo Echenagusia, pero no por el de Pamplona, que tradicionalmente se ha sumado a las cartas de los prelados vascos.
En el primero de sus diez puntos, lamentan que los partidos «mantienen prácticamente intactos sus graves desacuerdos» lo que, en su opinión, es «fruto de una grave incomunicación». «Una sociedad bastante bien avenida en muchos aspectos de su diaria convivencia -añaden pese a los miles de ciudadanos vascos con escolta o emenazados-, se encuentra, sin embargo, surcada por la incomunicación política».
Dicen que «ETA debe desaparecer, con toda su constelación de violencia», y se solidarizan con los ediles del PP y PSOE, «quienes se encuentran en el punto de mira de los atentados». Tras subrayar que «no todo vale contra el terrorismo», los obispos arrojan sospechas sobre el funcionamiento del Estado de Derecho al señalar que «resulta preocupante escuchar voces autorizadas de personas y organismos que aseguran que no siempre se respetan esos límites que nunca deberían ser franqueados». En otro momento, alertan sobre la «indebida dureza» frente al terrorismo al superar el «umbral» de la «necesaria fimeza».
Ley del Gobierno
El punto más polémico de la nota es el titulado «un asunto candente y resbaladizo», en el que los obispos vascos (en cuatro párrafos marcados en negrita) subrayan que «el Gobierno español, apoyado por otras formaciones políticas, se ha propuesto firmemente la reforma de la ley de Partidos. A través de cualificados representantes ha expresado su deseo de disponer pronto de un instrumento legal que pueda permitir la ilegalización de Batasuna por vía judicial».
Tras señalar «las razones que públicamente aduce» el Gobierno (con el apoyo del 93 por ciento de los parlamentarios) para justificar dicha ilegalización, y subrayar que «resultaría precipitada en estos momentos una valoración moral ponderada de dicho texto, aún no del todo fijado», los prelados del País Vasco sostienen que «nos preocupan algunas consecuencias sombrías que prevemos como sólidamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas». «Tales consecuencias afectan a nuestra convivencia y a la causa de la paz». Los argumentos expuestos por los obispos coinciden, literalmente, con los que viene esgrimiento el PNV. «La convivencia, ya gravemente alterada ¿no sufriría acaso un deterioro mayor en nuestros pueblos y ciudades? Probablemente la división y la confrontación cívica se agudizarían», dicen, para añadir que «no vemos cómo un clima social así pueda afectar favorablemente a la seguridad de los más débiles: los amenazados. Más bien nos tememos que tal seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria. No somos los únicos que albergamos esta reserva cautelosa».
También se apuntan a las tesis del PNV cuando presentan la ley de partidos como un texto contra las ideas en vez de contra los brazos políticos de los terroristas. Así, al referirse a Batasuna dicen que «mientras respeten los derechos humanos y se implanten y mantengan dentro de cauces pacíficos y democráticos, la Iglesia no puede ni debe sancionarlos como exigencia ética ni excluirlos en nombre de ésta». Para los obispos vascos «ni la aspiración soberanista, ni la adhesión a un mayor o menor autogobierno, ni la preferencia por una integración más o menos estrecha en el Estado español son, en principio, para la Iglesia «dogmas políticos» que requieran un asentimiento incondicionado».
Al margen de la Conferencia
El punto séptimo lo reservan a hacer una encendida defensa del nacionalismo. «Nadie ha de subestimar las señas peculiares de este país, como son, entre otras, la lengua y la cultura, ni alimentar en su espíritu la sospecha de que la connivencia con el terrorismo anida al menos de manera latente en el corazón de un nacionalista. Son numerosos los nacionalistas que, aborreciendo de manera pública el terrorismo con las palabras y los hechos, se sienten justamente heridos cuando, de la boca de políticos o comentaristas, se confunde frecuentemente nacionalismo con terrorismo». En la Conferencia Episcopal se desconocía la intención de los obispos vascos y el contenido de la pastoral.
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