
SIGEFREDO Maribel Yébenes
Hablar de Maribel Yébenes es hablar de uno de los grandes iconos del universo de la estética en España. Todo el mundo la conoce. Lógico. Desde hace treinta años Maribel ha demostrado con creces lo que significa ser una magnífica profesional. Por su instituto de belleza pasan decenas de mujeres -y cada vez más hombres-todas las semanas. Abuelas, hijas e incluso nietas -«sí, ya trabajo con tres generaciones y eso me llena de orgullo»-, comparten tratamientos con nuevas clientas y con mujeres como Nicole Kidman, Isabella Rosellini, Isabel Preysler, Nati Abascal, Blanca Suelves o Marta Robles. Y no lo dice Maribel, que es la discreción personificada. Pero lo sabemos. Lo que sí dice es que para ella todos los clientes son iguales. Aunqueal nombrar lo que ahora se empeñan en llamar «celebrities», Maribel es muy clara: «Son mujeres normales, nada estrellas, y educadísimas. Jamás he tenido un problema con ninguna. Todo lo contrario, te facilitan el trabajo». Queda dicho.
Pero ahora, a lo que íbamos. A Maribel, nuestra «celebrity» de hoy, la verdadera estrella. Porque esta mujer, que confiesa abiertamente sus cincuenta y ocho años (!!quién lo diría...!!), lleva más de la mitad de su vida velando para que las mujeres nos encontremos mejor. Y eso se agradece. «Tuve claro que esta era mi profesión desde pequeña. Me pasaba el día pintando sobre los personajes de las revistas de entonces: embellecía a las mujeres con mis lápices, corregía sus defectos, les ponía colorete...». A pesar de la oposición de su familia Maribel obtuvo el título internacional de Esteticista y Quiropráctica y se puso a trabajar. Duró un mes porque Alfredo Caral le llamó para que se fuera con él. «Estuve trabajando siete años maravillosos en los que aprendí muchísimo. Cuando Alfredo se decantó por el mundo de la moda empecé por mi cuenta». Primero en su casa -cuando sus hijas eran pequeñas- y después en el Paseo de la Habana donde fundó su primer instituto. Cuando las clientas ya no cabían, y le decían de broma que pusiera «camillas-litera», se trasladó al Paseo de la Castellana. Ahí tiene sus dos centros: el médico y el estético. Han pasado treinta años y sigue en el «top» de la estética. ¿Cómo? «Estudio mucho, procuro no quedarme atrás, dedico muchísimas horas al trabajo e intento siempre hacerlo lo mejor posible», indica con humildad. «He tenido la suerte de trabajar siempre con cosmética de alta calidad lo que te enseña a valorar lo que tienes en las manos. Cuando trabajas varios días con una crema ves la evolución en la piel de una persona y compruebas su efectividad. Creo firmemente en la cosmética». También es «fan» de la aparatología. Eso sí, le gusta ser siempre la segunda en tener las nuevas máquinas. «Si las primeras fallan, se arreglan los fallos y a las «segundonas» ya nos llegan perfectas. Hablo sobre todo de máquinas médicas». En este campo la asesoran médicos especialistas. En otro, el empresarial, Antonio, su marido, «Sin él no hubiera llegado hasta aquí. !! Y ahora ha descubierto que le encanta cuidarse y es el primero en probar los tratamientos!!». Desde hace cuatro años, Maribel comparte todo con su hija Myriam. «Es un lujo tenerla conmigo. Empezó a formarse desde abajo y ya es una gran profesional». Damos fe. Divertida, cariñosa y muy respetuosa con todos, Maribel ha conseguido que su centro sea «como una gran familia». Trata a la gente «como legustaría que le tratasen a ella» y eso se nota. «Toda los días pienso en la suerte que tengo por poder ayudar a todas las personas que me buscan a mejorar estéticamente, algo más serio de lo que se cree. Soy feliz con esta vida».



