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Menos confianza en 2009

UN vacío de recelos aguarda el servicio de urgencias económicas regido por Zapatero. En primer lugar, él negó la crisis con

Actualizado 30/12/2008 - 02:48:55
UN vacío de recelos aguarda el servicio de urgencias económicas regido por Zapatero. En primer lugar, él negó la crisis con contumacia y a continuación la ha ido parcheando de tal modo que sus medidas son difusas, no tienen visos de generar un impacto solvente ni una duración resolutiva. El sistema de protección social está perdiendo casi dos mil cotizantes al día. ¿Será el comienzo de una década perdida en términos de crecimiento y gestación económica? En su reciente ensayo, «El fin del bienestar», Miró Ardévol habla de un fin del sistema de pensiones y de un deterioro de la sanidad pública que incrementarían la polarización social en detrimento de las clases medias. En el horizonte para 2009, la meteorología detecta diluvios y sequías que, correlativamente, incidirán en la inoportunidad. 2009 va ser una fecha para grabar en aquel viejo árbol de la vida que las jóvenes generaciones usaban como lista de correos de sus sueños. Tras un superávit del 2,41, el déficit ya pasa del 1,28. Ha llegado Keynes en la estela de los Reyes Magos, con su caudal ambidextro de inyecciones mastodónticas de dinero público.
Una franja de joven electorado inapetente y a menudo abstencionista atiende a la demonización ritual de la economía de libre mercado, como poco antes mantuvo una intensa empatía con las ideologías que propugnan la deificación del planeta Tierra. Después del elevado consumo y del endeudamiento masivo, la ilógica impone un regreso a los utopismos en demérito de la realidad. Lo ha captado al segundo Ignacio Fernández Toxo, nuevo secretario general de CCOO, al sugerir abiertamente movilizaciones en la calle. Cuanto más caduco es el sindicalismo, más aboga por reacciones contraproducentes. Añadamos conflictividad laboral al horizonte de 2009 y nos quedamos sin inversión extranjera. En la misma línea se sitúa el nuevo líder de Izquierda Unida, preconizador de la huelga general, ese viejo mito de la izquierda que la dinámica capitalista solventó con la expansión de la clase media y la paz social. Bastaron unas noches de revuelta callejera en Atenas para que los ex combatientes de mayo de 1968 se pusieran de nuevo las pilas. Pero, por el momento, se espera tanto de Obama que estamos gozando -seamos sádicos o masoquistas- de un compás de espera.
Lo más llamativo del Zapatero actual es su acelerada dilapidación de confianza. En circunstancias tan peliagudas como las presentes, un gobernante puede equivocarse en algunas iniciativas o incluso disimular algunas magnitudes pero le es inabordable la opción de desmerecer confianza en proporciones muy abundantes. Gobernar es dar y merecer confianza. Es decir: seguridad, crédito, sugerencia de un futuro estable después del oleaje. No parece que Rodríguez Zapatero circule por esta fase. 2009 lo confirmará o desmentirá. De ir perdiendo más confianza puede convertirse en uno de los gobernantes más patéticos de la España moderna. Sociedad y economía son un tejido, una red de confianzas. Normas y confianza estimulan el capital social. Ahora mismo, lo que la sociedad española necesita es de grandes reservas de capital social, de confianza.
Es un notorio equívoco pensar -dice Miró Ardévol- que es el Estado el que hace posible el sistema cuando en realidad depende de la sociedad. El pago de la prolija factura del Estado de bienestar requiere de una sociedad que mejore continuamente su capacidad productiva y afine de cada vez más en su competitividad. Esas cosas, fundamento del capital social, requieren de dosificaciones de confianza en vena. En la Unión Europea y en todo el mundo, los gobiernos que más confianza destruyan serán los últimos en salir del túnel trasalpino de la recesión.
Peggy Noonan, comentarista empeñada en la renovación de las ideas conservadoras, ha citado una definición que circula por Manhattan: «Es la era del traje vacío». Otros tiempos fueron para el hombre del traje gris. Ahora son para el traje vacío. Ni sus adversarios más impetuosos ledesean ese final a Rodríguez Zapatero. Entre otras cosas, porque todos navegamos en la misma nave. De esperarlo todo de productos financieros sospechosamente ultra-rentables pasamos a ver en todo un sistema en ebullición tóxica. Ese tránsito del péndulo va a llevarse a algunos políticos por delante. Luego nos asomaremos al cuello de su camisa y comprobaremos que ahí solo hubo un traje vacío.
vpuig@abc.es
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