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Diseño «Toys» de vinilo, más que juguetes

Quién diría que en pleno siglo XXI el vinilo pudiera seguir teniendo tantos fans. No sólo por los famosos discos, sino también por los «toys»: una nueva generación de hijos del diseño y las tendencias

Actualizado 30/12/2006 - 02:45:39
Quién diría que en pleno siglo XXI el vinilo pudiera seguir teniendo tantos fans. No sólo por los famosos discos, sino también por los «toys»: una nueva generación de hijos del diseño y las tendencias en busca del juguete perfecto.
Corrian los años 90 en Hong Kong. Michael Lau y Eric So eran dos jóvenes promesas del diseño local. El primero fijaba su atención en su colección de Gi-Joes y el segundo era un fanático de Bruce Lee. Los dos empezaron, cada uno por su cuenta, a fabricar sus propias figuras empleando «soft vynil» (vinilo suave), como el de las mejores jugueterías de la, por aquel entonces, todavía colonia británica.
Michael Lau reconoce a ABC que «había mucha energía en aquella época entre la juventud de Hong Kong y ella fue la que inspiró mi colección: los Gardener». Lau iniciaba -sin saberlo- uno de los movimientos artísticos más curiosos que ha generado la siempre influyente comunidad asiática.
Sus figuras empezaron a ser un clásico entre los «freaks» del lugar y algunos negocios trataban directamente con el artista para pedirle vender sus juguetes. Lau trató de «imponer una política selectiva sobre quién podía y quién no podía vender mis figuras. Eran algo muy personal, así que solo quería venderlos a negocios que conectaran conmigo en cuanto a sensaciones». Así, sus ediciones de veinticinco figuras de determinados personajes se agotaban a las pocas horas de llegar a las estanterías, mientras que al otro lado de Hong Kong, y con un estilo totalmente diferente, Eric So hacía lo mismo, explotando un perfil basado en el mundo del cómic (su muñeco de Hellboy -el comic de Mike Mignola- ya es todo un clásico).
Religión de «plástico»
Así fue como el juguete de vinilo empezó a convertirse en una religión y, a finales de los 90, nacía la factoría que lo cambiaría todo: Medicom. Fundada en Tokio por un grupo de coleccionistas de vinilo, que decidieron dar un empujón profesional a un mundo que basaba su estructura en el tirón «underground» de sus productos. Así nacieron las primeras series de Kubrick y Bearbrick. Los primeros son unas figuras herederas de la estética Lego y del mismo tamaño que un clik de Famobil, con influencias que van del mundo del cine a los dibujos animados, pasando por la música o los videojuegos. Los segundos reproducen la silueta de un oso (de ahí lo de Bear -oso en inglés- y los hay de tres tamaños. Sus primeras ediciones se cotizan a precios de escándalo y en Japón hay tiendas especializadas en la búsqueda de determinadas figuras.
En el auge de Medicom (la primera potencia «juguetera» del mundo) ha influido decisivamente la participación de artistas de todos los ámbitos: de Frank Kozik a Futura, Stash o Delta, pasando por «estrellas» como Kaws, el grafitero de Brooklyn y propietario de la marca «Original Fake». Los diseños de este último fueron, en su momento, los que provocaron la aparición del coleccionismo en el país que puede asegurar la supervivencia de cualquier colectivo artístico: EE.UU.
El propio Kaws abrió el 360 Toy Store, uno de las primeras tiendas de juguetes de Nueva York, donde vendía sus creaciones como los Chum ( basados en la mascota de Michelin) a 500 dólares (todos ellos agotados, en sus cinco colores) y que dio pie a la apertura de Kid Robot o Toy Tokio, dos de las tiendas más poderosas del mundo, con clientes como Elijah Wood (Frodo, en «El señor de los anillos»), los raperos Kanye West o Pharell Williams y diseñadores, ilustradores y coleccionistas de todo el mundo.
Fascinación en cadena
Kid Robot se ha convertido en los últimos tiempos en una de las tiendas más populares de América. Cuenta ya con sucursales en Los Ángeles y San Francisco, y hay rumores de que quiere abrir sucursal en Europa (concretamente en nuestro país, en la ciudad de Barcelona). Para entender de qué va este mundillo es más que recomendable una visita a su página www.kidrobot.com y echar una ojeada a sus precios. En ella se puede comprender perfectamente el porqué de un movimiento que ha conseguido aunar a artistas de todas las disciplinas en busca del juguete perfecto.
El coleccionism, en Europa, tiene dos puntos calientes: uno de ellos es Londres y el segundo Berlín. En la ciudad inglesa (pionera de cualquier movimiento que tenga que ver con subculturas) destacan dos tiendas, Playlounge y DPMHI. Playlounge es una pequeña superficie en el Soho, justo después de Carnaby Street, donde se pueden encontrar vinilos de todo el mundo y en todos los estilos. Destaca el fanatismo de sus dependientes, que saben tanto de juguetes como de futbol. Ellos fueron los primeros que expandieron el universo del vinilo en Europa y siguen siendo uno de los mejores lugares que un aficionado puede visitar si no tiene oportunidad de saltar el charco.
La otra tienda, DPMHI, es una impresionante mole de tres pisos donde los juguetes se cuentan por centenares. Este negocio, regentado por los dueños de Maharishi (una marca muy popular en Londres) puede presumir de ser la distribuidora exclusiva de Medicom en Europa y los únicos fuera de Asia que pueden comercializar las figuras de Michael Lau.
En Berlín destaca Plastic Particles y Coarse Toys. Un grupo de diseñadores alemanes, con gran influencia de Michael Lau, decidieron «llevar la calidad al máximo nivel posible», como comenta Henne desde Frankfurt, y en una singular alianza con la marca californiana de zapatillas Vans han creado algunos de los mejores muñecos de vinilo que se han visto en Europa.
Los últimos en sumarse a esta tendencia han sido los chicos de la revista francesa «Visionaire», de alto (altísimo «standing», con un coste mediano de 250 euros por número) que hasta la fecha han publicado tres ejemplares con juguetes diseñados por Marc Jacobs, Víctor & Rolf, Dolce & Gabbana o Karl Lagerfeld entre muchos otros. Actualmente es imposible hacerse con uno de estos «sets» de juguetes sin invertir menos de mil euros.
¿Quién dijo que el vinilo era barato?
TEXTO Y FOTOS: TONI GARCÍA
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