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Francisco Calero: «La autoría del Lazarillo a Luis Vives no admite duda ni disputa; es incontrovertible»

Actualizado 30/11/2003 - 00:09:53
Francisco Calero
Francisco Calero
En Blanco y Negro Cultural le daba ayer un giro copernicano de 360 grados a la autoría del Lazarillo: «Fue Luis Vives», asegura tajante tras quince años de leerlo en latín. El debate prosigue
-¿Por qué cree que su tesis es incontrovertible?
-Si los estudiosos hubieran leído en latín a Vives, se habría dado antes con el autor del Lazarillo: Luis Vives, que escribió toda su obra, salvo «Diálogo de Mercurio y Carón», «Diálogo en que particularmente se tratan las cosas acaecidas en Roma el año MDXXVII», «Diálogo de la Lengua» y el Lazarillo (de las que demuestro su autoría en el artículo de Blanco y Negro Cultural de ayer) en latín. Al creador del Lazarillo se le ha buscado siempre entre quienes habían escrito en español. Nadie pensó que un escritor en latín hubiera podido crear una obra tan genial en castellano. Próximamente publicaré mis estudios con la autoría de las anteriores obras asignándolas ya a Vives (editadas, ojalá, por el Ayuntamiento de Valencia) y reflejaré los pasajes que coinciden. Parece algo incontrovertible; lo que yo propongo es una revolución en la interpretación de las obras.
-¿En qué fundamenta usted la atribución del Lazarillo a Vives?
-Ofrezco argumentos de dos tipos. Unos, comparativo-literarios, demuestran los parecidos entre algunas escenas de «Diálogo de Mercurio y Carón» y el Lazarillo, así como de la estructuración partiendo de «La Celestina». La profesora Rosa Navarro sostiene que el modelo del Lazarillo es «La Celestina». Vives sentía un gran aprecio por esta obra, de la que hace un elogio por la moralidad: es decir, porque «La Celestina» al final termina con el castigo de las personas que llevaban mala vida y Vives de ahí extrae una moralidad. La moralidad va a ser el último fin del Lazarillo. Vives poseía un conocimiento extraordinario de los autores clásicos (griegos y latinos) y se refiere a la traducción de «El asno de oro», de Apuleyo. Otros argumentos son lingüísticos: por ejemplo, en el Lazarillo aparecen diminutivos como «concheta» o «camareta» que se atribuyen a italianismos. Y no, son valencianismos, como «filleta» o «cadireta». Vives nombra varias veces las naranjas y las limas y se refiere también a las conservas de Valencia. En el Lazarillo aparecen varias alusiones a los juegos de pelota y Vives era un estusiasta de esos juegos. De hecho, la primera descripción del juego del tenis aparece en su obra «Linguae latinae exercitatio». Y por el Lazarillo circulan varias palabras técnicas referidas a esos juegos. Un verbo que aparece en el «Diálogo de Mercurio y Carón» y en el «Lazarillo» es turar por durar. Hay varias alusiones en el Lazarillo a la derrota de los Gelves. Se mencionan la guerra de las comunidades, a las que se refiere Vives en otras obras, y las Cortes celebradas por Carlos V en Toledo, que Vives conocía perfectamente porque recibía una paga del Emperador. El transfondo social de mendicidad, de pauperismo en el Lazarillo, es un reflejo de la preocupación esencial de Vives: la solución de los problemas de la pobreza.
-¿Cómo empezó su investigación?
-Tras la lectura del libro de la profesora Rosa Navarro «Alfonso de Valdés, autor del Lazarillo de Tormes». Pero con la particularidad de que llevo trabajando quince años en las obras de Vives, he traducido muchas de ellas y las tengo en la memoria. Noté que había unas concordancias extraordinarias entre lo expresado en el «Diálogo de Mercurio y Carón» y algunas obras de Luis Vives, quien tenía que haberlo escrito sobre todo porque su estructuración es exactamente igual a otro diálogo que escribió en latín: «Diálogo de los turcos». Muchísimas ideas y pensamientos se repiten en estas dos obras. He recogido unos 50 pasajes en donde se da una coincidencia de pensamiento entre esos dos diálogos. Existen numerosos parecidos entre el «Diálogo de Mercurio y Carón» y el Lazarillo. Ese diálogo gira en torno a que varias almas pasan al infierno llevadas por Carón y se establece un diálogo entre dioses y almas. Y en algunas de las almas se reflejan episodios del Lazarillo.
-¿Cómo pudo un humanista escribir el Lazarillo?
-Para escribir esa obra se necesitaba un genio literario fuera de lo común. Alfonso de Valdés no lo tenía; Luis Vives sí. Y dio muestras, desde muy joven, de poseer una gran imaginación en obras muy breves escritas a los 20 años como «Diálogo sobre la dignidad del hombre», «La ovación de la Virgen María» y «El triunfo de Jesucristo». Vives, cima del pensamiento universal, creó obras rompedoras y revolucionarias. Por ejemplo, «De subventione pauperum», la primera y más importante escrita sobre los problemas de la mendicidad, la pobreza y sus soluciones. Y esa obra está muy conectada con el transfondo de mendicidad, pobreza y sentido moral de la pobreza del Lazarillo. Vives poseía un sentido irónico y satírico de la vida que recibió a través de Luciano y de Erasmo, de quien era muy amigo. Todas las tesis últimas sobre la autoría del Lazarillo han girado en torno al círculo de Vives, sin que se aproximaran a él.
-¿Por qué no firmó Vives entonces el Lazarillo?
-Porque no podía. Vives, que era de origen judío, salió de España y no pudo volver. Sus padres fueron perseguidos por la Inquisición; su madre, después de muerta, exhumada para ser quemada. Ni pudo volver a España ni pudo firmar algo que hiciera sospechar a la Inquisición, cuyo poder era enorme.
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