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Siempre fue paladín cervantino

José RosellVillasevilEscritor ycervantistaDESDE EL ALCANÁFue caballero andante de la palabra escrita que voló en Clavileño de la jaula oxidada. Sus armas la palabra, su valor unos versos heroicos, sin

Actualizado 30/09/2008 - 02:54:12
José Rosell
Villasevil
Escritor y
cervantista
DESDE EL ALCANÁ
Fue caballero andante de la palabra escrita que voló en Clavileño de la jaula oxidada. Sus armas la palabra, su valor unos versos heroicos, sin tapujos, que cantaban verdades al lucero del alba...
Juan Antonio Villacañas, se ganaba el pan, como funcionario de Administración Local en el Ayuntamiento de Toledo: «Hoy me llamo, de oficio, amanuense, empleado,/ y uno se hace preguntas para ver qué es eso».
Pues eso era, en la época sumiso y delicado y había que echarle h... para sacar pecho: «Fueron aquellos sapos los mismos que hoy mantengo, /pidiéndoles disculpas por ser yo mismo hombre».
Quien en 1968, en plena Dictadura, siendo empleado en el Consistorio de una ciudad caciquil por excelencia, se atreve a escribir aquello de «Prohiben preguntarles a nuestros concejales/ cómo puede encontrarse a Dios en el diccionario», está loco de atar o vive inmerso en la sublime inspiración del Caballero de la Triste Figura, quien condensaba todas sus caballerosidades en estas frases áureas: «Y finalmente, es preciso mantener la verdad aunque cueste la vida defenderla».
Juan Antonio Villacañas, en 1965 con su «Curso de amor en Alcalá de Henares», ganaba el Quijote de Oro de la bella Ciudad complutense. En 1972, conseguía el segundo premio Baltasar del Alcázar, con «Sonetos para poner nervioso a Don Quijote». «Itinerario mágico de Miguel de Cervantes», fue publicado en «La estafeta literaria de Madrid» en 1978.
En su libro «el humor infinito de la historia», publicado por la aguerrida también Editorial Zocodover, Juan Antonio revela su profundo cervantismo con exquisitos temas entre los que figura «la princesa Micomicona».
Son infinitas las alusiones y glosas a la obra de Cervantes, cuya esencia conocía hondamente. Pero el título más impactante, en mi modesto criterio, así como el delicado contenido poético y argumental, se encuentra en las páginas líricas (nunca mejor dicho) de su opúsculo delicioso titulado «Fuego en el Paraíso de Cervantes», que fue obsequio inestimable de Editorial Zocodover, en 1997, con motivo de 450 Aniversario del nacimiento del «famoso todo».
El mundo cervantino, desde Esquivias -«Y me llegan los celos / sanísimos de Esquivias, a las manos...»-, se permite rogar a su ilustre hija, la Dª Beatriz Villacañas, el esfuerzo de una recopilación de su obra cervantina.
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