En el principio fue el actor. Y el teatro. Una huella que marca persistentemente la obra de Elia Kazan, cuyo nombre está indisolublemente unido a la creación del mítico Actor´s Studio, esa fértil amalgama de introspección psicológica y realismo social que reacuñó en Estados Unidos, bajo el sacrosanto remoquete de «el Método», las teorías de Constantin Stanislavsky. En octubre de 1947 y en la ciudad de Nueva York arranca la historia de la legendaria factoría interpretativa donde se amasó el magnetismo animal de Brando, la rebeldía apolínea de Dean o el torturado fulgor de Clift, por citar algunos exponentes de esas nuevas técnicas que colocaban al actor en el eje de la creatividad dramática y le exigían implicarse en la psicología del personaje que debía encarnar. Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis se unieron para fundar el Actor´s, y cuando Lewis abandonó el proyecto, lo sustituyó Lee Strasberg. El estreno en Broadway, el 3 de diciembre de 1947, de «Un tranvía llamado Deseo», de Tennessee Williams, con dirección de Kazan y protagonizado por un jovencísimo Brando y Jessica Tandy, fue toda una revelación. Por las manos de Kazan pasó el mejor teatro realista estadounidense de la época, singularmente las obras de Williams y Arthur Miller. Del primero, montó, además de la citada, «Camino Real», «La gata sobre el tejado de zinc caliente» y «Dulce pájaro de juventud»; y del segundo, «Todos eran mis hijos», «La muerte de un viajante» -su favorita, según confesó en sus memorias- y «Después de la caída». Ejemplos de ese equilibrio entre lo individual y lo colectivo que impregna el trabajo de un gran hombre de teatro convertido en gran director de cine.



