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Una Frida «tex-mex» abrió Venecia

Actualizado 30/08/2002 - 00:12:05
Gong Li, Salma Hayek, Gwyneth Paltrow, Sofía Loren, Mónica Bellucci... No era una cita para grabar un anuncio Unicef, era la inauguración del Festival de Cine de Venecia en su edición 59, un numero quizás anodino, soso, pero que se abrió con la sal imprescindible para ese chispazo de tequila que quiere ser «Frida», que también hubiera podido titularse «Salma», por la cantidad de si misma que ha puesto en ella la recoleta actriz mexicana. La vida de la pintora Frida Kahlo, quebrada de dolores y padecimientos, queda expuesta aquí con cierto aire optimista por la directora Julie Taymor e interpretada con revuelo y pasión por Salma Hayek y Alfred Molina, un Diego Rivera bolinguero y panzón.
Como con cuentagotas, o como rociado con spray, aparecen en la tela vital de Frida Kahlo algunos personajes cruciales, interpretados, de paso, por estrellones de Hollywood: David Alfaro Siqueiros es Antonio Banderas (una escena), Leon Trotsky es Geoffrey Rush (un visto y no visto de sus amores con Frida Kahlo y su mal encuentro con Mercader), Nelson Rockefeller es Edward Norton (en la celebre escena del mural que le encargo a Rivera)... y Ashley Jud (como la fotógrafa Tina Modotti, en una escena de baile y lametón con la juguetona Frida que es lo mejor y mas enchilado de la película), Valeria Golino, Saffron Burrows, Mia Maestro... Todo un mundo llegado de fuera para recrear ese tex-mex a lo «gauche divine» que se cae de bruces ante la presencia mexicanisima y visceral de Patricia Reyes Spindola, la actriz «de»Ripstein trasplantada aquí como madre de Frida.
De bueno tiene el color y el ritmo y el asumido toque de irrealidad, lo cual le impide a esta «Frida» convertirse en un dramón de tres pares de lágrimas: el optimismo y la vitalidad del personaje que compone Salma Hayek devora por completo lo patético de su vida, también reflejado en su obra. Por lo tanto, la película firmada por Julie Taymor esta destinada a no complacer del todo a nadie: ni a los artistas, ni a los comunistas (y si quedara algún trotskista, no disfrutaría mucho con la escena de mimos y zalameos entre el León y la tigresa), ni a los mexicanos, ni a los americanos y mucho menos a los Rockefeller.
Y como el Lido de Venecia ha cambiado su ser de tranquilo balneario por un guirigay estajanovista, todo el trabajo viene multiplicado por dos: ayer, además de inaugurarse la competición oficial con «Frida» comenzaron también las proyecciones de la sección Contracorriente. La película «Rosa la China», de la chilena Valeria Sarmiento, abrió la segunda línea de fuego de esta Mostra: un telenovelón rodado con gusto en el que se desbordan las pasiones y los personajes tienen su límite mucho más allá de lo razonable. Tan fuera de quicio están todo y todos que, con decir que el más entonado y equilibrado es el que interpreta Juan Luis Galiardo, se habrá dicho bastante. Amores, engaños, traiciones, crímenes, estraperlos y «duelos al sol» en un amasijo visual de La Habana de los cincuenta. Al tono meloso y radiofónico, a la música maravillosa de Paquito D´Rivera, que le marca el paso a la acción, hay que añadirle la presencia fastuosa, demodé e insólita de su protagonista, Luisa María Jiménez, «la China», con un físico que augura desgracias aún mayores que las que se narran.
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