Aunque la última etapa de la romanización en el territorio valenciano estuvo marcada por la persecución de los cristianos por orden del emperador Diocleciano en el siglo IV d.C., lo cierto es que el paganismo grecorromano demostró una gran capacidad de integración de los cultos de los territorios conquistados. Este sincretismo fue aplicado también en el caso de los indígenas íberos, que por su parte adoptaron el latín como lengua.
En la actual Comunidad Valenciana se conservan vestigios de espacios y objetos dedicados a las tres principales divinidades romanas: Júpiter, Juno y Minerva (a la que se piensa que se erigió un templo en La Albufera). También hay huellas del culto a Marte, Venus, Apolo, así como del posterior florecimiento de los cultos orientales en el Imperio Romano, sobre todo los referentes a Isis, a la que se asociaba a la fecundidad y la resurección. A la esposa de Osiris se devocionó en Valentia y Saguntum, donde se la llamaba Pelagia para subrayar su función de protectora de las gentes del mar. No obstante, la propagación del mensaje de Jesús de Nazaret en la Península Ibérica y su idea de vida tras la muerte y resurección fue contestada con persecuciones y torturas, como la que sufrió el diácono San Vicente.



