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Un escenario cambiante

A bordo del Hespérides, en el Océano Polar Ártico (80º 20´ N, 12º 24´ E).Las aguas repletas de hielos que dificultaban nuestra navegación al norte del paralelo 80ºN hace una semana aparecen ahora

Actualizado 30/07/2007 - 08:34:03
A bordo del Hespérides, en el Océano Polar Ártico (80º 20´ N, 12º 24´ E).
Las aguas repletas de hielos que dificultaban nuestra navegación al norte del paralelo 80ºN hace una semana aparecen ahora libres. Los pocos hielos que encontramos a nuestro paso se encuentran ya en avanzado estado de fusión, surcados por canales interiores, como quesos de Gruyere, por los que circula el agua erosionando los hielos por dentro a la vez que el oleaje y las corrientes contribuyen a su fusión a lo largo de su perímetro.
Se distingue a simple vista la estela de agua dulce que desprenden los hielos y que forma una delgada lámina de agua que flota sobre el agua, más salina y densa, del mar. Navegamos más al Norte para encontrar hielos más consistentes, pertenecientes al casquete polar, que hasta hace poco eran permanentes pero que desde hace pocos años se funden también en verano.
Muestras de hielo
En estos hielos, de los que tomamos muestras consistentes en cilindros de 1 m de longitud, se han acumulado, provenientes de la atmósfera, las sustancias que la actividad humana ha puesto en circulación: metales pesados, particularmente compuestos de mercurio, y contaminantes orgánicos persistentes. Con la fusión de estos hielos, todas estas sustancias acumuladas durante décadas se liberan, de forma abrupta, al océano, incorporándose en la base de la cadena trófica y acumulándose hacia los peldaños superiores, en la cima de los cuales se encuentran los grandes predadores, como el oso polar y los pueblos esquimales, que se cuentan entre los más contaminados del planeta, hasta el punto de que se desaconseja que las mujeres inuit den el pecho a sus hijos, ya que su leche está cargada de contaminantes generados por actividades industriales a miles de kilómetros de las regiones heladas que habitan.
En nuestra marcha al Norte en busca de hielos más consistentes y permanentes que los ya muy fundidos que vamos dejando atrás nos acompaña gran parte de la fauna ártica que depende también de estos hielos. Hace unos días tuvimos nuestro segundo encuentro con un oso polar. Mientras el primero lo avistamos en la lejanía, este otro lo hemos visto a sólo unas decenas de metros, pues no contento con asomarse al borde de la plataforma de hielo por la que deambulaba en busca de alimento, se ha echado al agua para pasar nadando a pocos metros de la proa del Hespérides poblada de fotógrafos. Este animal, enorme (llegan a pesar 600 Kg y medir 3 m de altura puesto en pie), el mayor carnívoro terrestre, y majestuoso ha pasado a engrosar la lista de especies en peligro de extinción debido, precisamente, a la fusión del casquete polar Ártico por el calentamiento climático.
Regresión del casquete polar
Los osos necesitan grandes extensiones de hielo para cazar, y la fragmentación actual de éstas en pequeños bandejones de hielo les obliga a nadar de uno en otro, gastando energía, en busca de presas. Los oseznos no pueden nadar y cuando la osa emerge de su largo letargo de las oseras que construyen en tierra está obligada a cazar rápidamente para poder alimentarlos, para lo que ha de desplazarse, acompañada por los oseznos, en hielos contiguos entre sí. La rápida merma de esta zona de contactos entre tierra e hielos por la regresión que sufre el casquete polar dificulta estos desplazamientos y provoca la mortandad de oseznos, el cuello de botella para la supervivencia de esta especie.
La visita del oso polar, un animal precioso, nos ha hecho pensar sobre el futuro de esta especie y de toda la fauna ártica, que carece de refugios donde sobrevivir a los envites del calentamiento climático. Nuestra aportación, en la campaña ATOS, se centra no en estos gigantes árticos, sino en los organismos más pequeños, de unas milésimas de milímetro a un centímetro, del pláncton, que constituyen la base de la cadena trófica de la que depende toda esta fauna. Esperamos que el conocimiento que de nuestra investigación se desprenda permita prever cómo responderá el ecosistema ártico al cambio global y aportar una base sobre la que formular estrategias eficientes de conservación de su biodiversidad.
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