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El presidente catalán engrosa su historial de polémicas declaraciones

El escenario político catalán se presta a pocas estridencias, por lo que las declaraciones del veterano líder nacionalista, a menudo controvertidas, suelen tener una especial repercusión. El Archivo de Salamanca, el conflicto de Perejil son algunos ejemplos de esos polémicos discursos.

Actualizado 30/07/2002 - 23:49:00
BARCELONA. A Jordi Pujol le gusta polemizar y para ello recurre a los argumentos en los que se siente más cómodo. Sobre la base del nacionalismo que propugna CiU, las declaraciones de Jordi Pujol derivan en ocasiones hacia asuntos demasiado peliagudos que incluso le han obligado a rectificar.
En 1998, los nacionalistas catalanes todavía tenían influencia en la política española pero eso no disuadió al presidente autonómico de pronunciar un nuevo discurso victimista. «¿A quién debemos dejar de matar los catalanes para ser más simpáticos que los vascos? ¿Cuántos atentados debemos dejar de hacer en Madrid o en Sevilla? ¿A cuántos regímenes fiscales especiales debemos renunciar», se preguntó durante un coloquio sobre la imagen de Cataluña. Las manifestaciones de Pujol fueron criticadas por la oposición y por el propio PNV, que las calificó de patinazo. Las fuertes críticas recibidas obligaron al presidente autonómico a pedir disculpas.
Otras veces, Jordi Pujol se ha excusado en nombre de otras personas de su entorno. A principios de 2001, el líder de CiU salió en defensa de su esposa, Marta Ferrusola, quien advirtió durante una intervención pública de que los inmigrantes pretenden «imponer» su religión y su cultura. Ante el regusto xenófobo de estas declaraciones y el alud de críticas recibidas, Pujol matizó las palabras de su mujer. Más recientemente, el propio mandatario catalán enmendó las declaraciones del portavoz de CiU en el Congreso, Xavier Trias quien había calificado de muy grave el hecho de que el Rey Don Juan Carlos no interviniera en el conflicto de Perejil. Un día después, Pujol precisó que si el monarca no había intervenido había sido por causas ajenas a su voluntad, en una alusión velada al Gobierno de Aznar, y destacó el interés que siempre ha demostrado el Rey por los asuntos relacionados con Marruecos.
Monarquía
Eso no significa que Pujol no haya tensado sus relaciones con la Monarquía. En marzo de 1999, el líder de CiU sugirió que, en sus visitas a Cataluña, el Rey y el Príncipe pronunciaran la mitad de sus discursos en catalán. Días antes, afirmó que la Casa Real no podría ignorar, llegado el caso, la demanda de Cataluña de un mayor autogobierno y de una relectura más autonomista de la Constitución.
Al margen de su intencionalida, lo que no cabe duda es que todas y cada una de las declaraciones del dirigente nacionalista son analizadas con lupa y, en ocasiones, interpretadas de forma extremadamente visceral. En noviembre de 1995, cuando los escándalos de corrupción empañaban el panorama político español, Jordi Pujol propuso un pacto para acabar con el «clima de canibalismo y antropofagia» que afectaba al mundo político. Algunos medios de comunicación y líderes políticos entendieron que Pujol estaba proponiendo una ley de punto final cuando, según precisó posteriormente, sólo pretendía proponer una tregua para eliminar la crispación.
La celebración del Día de las Fuerzas Armadas en Barcelona en mayo de 2000 también puso a prueba las relaciones de Jordi Pujol con el Gobierno central. El desfile, criticado por algunos sectores sociales y políticos, llevó al ejecutivo catalán a efectuar una declaración institucional sobre su posición. En la misma, Pujol calificó de «legítimas» las reacciones contra del desfile «siempre que se produzcan pacíficamente y que no atenten contra la convivencia», y recordó que la Generalitat «lamentó desde el primer día la forma cómo se planteó la organización del desfile.
Estas declaraciones no gustaron al presidente del Gobierno, José María Aznar. Como tampoco le agradó que, un año después, asegurara que en las elecciones en el País Vasco se había asistido a una «derrota de la cruzada antinacionalista».
En términos similares se ha expresado el presidente autonómico ante las iniciativas que, a su juicio, atacan a Cataluña. Tras conocerse la decisión del Gobierno de no trasladar el Archivo de Salamanca a la comunidad catalana, aseguró que «mientras el concepto de «derecho de conquista» no sea arrancada de la mente de la gente, no podremos hacer nada».
Lituania y Gibraltar
Este discurso sobre una nación «frenada y comprimida» tampoco es nuevo pues, hace casi una década que Pujol pidió la equiparación de Cataluña con Lituania. Y todavía hoy considera que esta comunidad tiene más derecho incluso que ese país a ser reconocida oficialmente por la Unión Europea.
Si entonces el referente eran los países bálticos, ahora las miras se han puesto en otros territorios. El pasado mes de mayo, el presidente catalán hablaba de cosoberanía y se lamentaba de que «siempre dicen que hemos de revisar lo de Gibraltar, también podíamos revisar más a fondo lo de Cataluña». Suma y sigue.
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