
TRAS años de paz, tranquilidad y relativo consenso en materia de energía nuclear, vuelven a la carga sus defensores. Todo ese movimiento pronuclear se ve que no tiene en cuenta elderecho de soberanía nacional, que permite a Corea del Norte o Irán tener autonomía y poder decisorio en cualquier materia incluida la energía nuclear en su nación. Esas posturas temerarias que la fomentan, no nos explican en base a qué principio de derecho internacional se va a permitir a unos países y negar a otros, el derecho soberano a disponer de esa energía y realizar pruebas atómicas.
Hay gente a la que no le preocupa que Francia, un país tecnológicamente desarrollado, disponga de grandes centrales nucleares. Pero podría convertirse en una pesadilla saber que esa tecnología, con los riesgos que implica, ha caído en manos de países movidos por el odio. También es frecuente en otros casos el déficit de mantenimiento causado por una situación económica precaria como fue el accidente de Chernobyl. La explosión del reactor de la central ocurrió en 1986, y miles de afectados de distintos países siguen padeciendo sus consecuencias. Cuantas más instalaciones tengamos y más países dispongan de ellas, mayor será la probabilidad de que esto vuelva a ocurrir.
Nuestros amigos de la energía nuclear también olvidan mencionar el fenómeno del terrorismo que ha saltado a la palestra después del 11-S. Existiendo discursos como los de Bin Laden ¿cómo se puede potenciar una energía que en sus manos podría suponer el exterminio humano?
Es cierto que la solución al problema debe ser colectiva. Quizás un gobierno mundial, aquella utopía de Einsten que compartimos los que nos sentimos ciudadanos del mundo. Pero mientras tanto, la solución individual pasa por pensar en la Humanidady olvidarnos de otro argumento.
AIRE FRESCO



