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El universo de Man Ray, al completo

Diez años después de su muerte en 1976, su viuda mandó levantar un monumento en su tumba. En la lápida reza: «Despreocupado, pero no indiferente». Su epitafio da título a una megaexposición, que se

Actualizado 30/05/2007 - 08:21:10
Diez años después de su muerte en 1976, su viuda mandó levantar un monumento en su tumba. En la lápida reza: «Despreocupado, pero no indiferente». Su epitafio da título a una megaexposición, que se enmarca dentro de PhotoEspaña, dedicada a uno de los grandes del siglo XX: Man Ray. El Museo Colecciones ICO (Zorrilla, 3) ha logrado reunir hasta 350 obras de este artista -hijo de emigrantes rusos afincados en Estados Unidos-, de las 4.000 que atesora el Trust Man Ray. Éste fue creado por su viuda, Juliet, con el fin de reunir su legado. Una parte la conserva el Estado francés -se pagaron con obras impuestos patrimoniales, como ocurrió con Picasso-, el resto fue a Nueva York, concretamente a la Fundación Man Ray, en Long Island. Así lo explicaba ayer Stephanie Browner, sobrina de Juliet y una de las personas que administra el trust.
Por vez primera podemos ver todo el proceso creativo de uno de los artistas más complejos del pasado siglo: sus ideas iniciales, sus bocetos preparatorios, sus obras acabadas... Muchas piezas se exhiben por vez primera. Entre el material inédito hallamos placas fotográficas de la serie «Les Mains Libres», fotografías documentales de Francia de los años 20, un documento de la pintura «Grand verre», de Duchamp; copias Polaroid en blanco y negro de los años 60 (fueron una sorpresa para el comisario; no se conocía su existencia); transparencias de sus experimentos con la fotografía en color, con retratos de Yves Montand y Juliette Gréco, entre otros (trató de vender la patente a Kodak, sin éxito); una obra hecha a cuatro manos entre Man Ray y Max Ernst; notas del artista que servían como referencia para su trabajo... Esas fichas no se han visto nunca. Como anécdota, algunas de ellas las destruyó una asistenta de su casa, pensando que eran basura.
Nueva York, París, Los Ángeles
El recorrido creado por los comisarios, John Jacob y Noriko Fuku, abarca las cuatro etapas creativas de Man Ray: Nueva York (1890-1921), París (1921-1940), Los Ángeles (1940-1951) y, de nuevo, París (1951-1976). En este exhaustivo paseo por el universo manrayniano, que arranca con un corazón azul roto con su nombre (no el verdadero, que era Emmanuel, sino el que adoptó, Man), no faltan algunas de sus imágenes más célebres, convertidas hoy en iconos. Es el caso de «Noire et blanche». Uno de los tesoros del trust son dos transparencias realizadas por Man Ray para la producción de las famosas copias en positivo y negativo de esta obra. Para esta exposición se ha creado una serie única de copias en inyección de tinta. Tapoco faltan retratos muy conocidos de personajes como Juan Gris, Picasso, Giacometti, el Aga Khan, Derain, Erik Satie, Stravinsky, Hemingway, Cocteau, Picabia..., así como numerosos autorretratos. Pintados y escritos. Entre las joyas de la muestra destacan cuatro páginas de su autobiografía, que él tituló «Autorretrato por Man Ray». Escritas a máquina, las cuartillas tienen correcciones y anotaciones a lápiz.
La retrospectiva aborda su intensa amistad con Duchamp, sus trabajos con Paul Éluard y Max Ernst, sus amantes (Kiki de Montparnasse, Ady Fidelin y Lee Miller) o su etapa californiana, donde ya se distancia de la fotografía comercial de años anteriores y que está protagonizada por la modelo Juliet Browner, con quien se casó en una doble ceremonia (también lo hicieron Max Ernst y Dorothea Tanning). A partir de entonces se convierte en su musa omnipresente. Hay muchísimos retratos y dibujos de ella en la muestra. Vitrinas instaladas por todo el recorrido encierran extraños objetos, como los utensilios para sus experimentos fotográficos -rayogramas y solarizaciones-, alfabetos para adultos, antifaces, muelles, un colador... Son poco conocidos sus diseños industriales, que cuelgan en una pared. Sí es célebre su pasión por el ajedrez, presente con varias piezas. Y sorprende el sexo explícito de algunas obras, como las cuatro estaciones, de 1929. La muestra se cierra con objetos personales del artista, como dos bastones y su sombrero, y tres de sus últimas obras, en las que creaba sombras.
Para Man Ray, advierte el comisario, la idea que motiva la obra de arte es más importante aún que el resultado mismo. Llegaba incluso a crear objetos, los fotografiaba y luego los destruía. La fotografía que quedaba era la obra final. Man Ray era consciente de que la idea seguía evolucionando una vez creada la obra. Hay motivos, como la espiral, que se repiten en varios apartados de la muestra. Todo ello se aprecia muy bien recorriendo la exposición. Eso sí, es necesario reservar tiempo suficiente para la visita, pues es muy amplia.
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