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Un museo contra Darwin

El pulso no resuelto entre el creacionismo y la ciencia evolutiva -un frente rabioso dentro de las llamadas «guerras culturales» de Estados Unidos- va a tener su próximo punto de fricción en las

Actualizado 30/04/2007 - 11:44:12
El pulso no resuelto entre el creacionismo y la ciencia evolutiva -un frente rabioso dentro de las llamadas «guerras culturales» de Estados Unidos- va a tener su próximo punto de fricción en las cercanías del aeropuerto de la ciudad de Cincinnati. En ese corazón de una América donde aparentemente el consenso científico de la Institución Smithsonian y de la National Geographic Society no es aceptado de buena gana, el próximo 28 de mayo se anticipa la inauguración de un moderno museo de 5.500 metros cuadrados dedicado a ofrecer una explicación «bíblicamente correcta» de los orígenes del hombre. Es decir, Adán y Eva conviviendo con dinosaurios en el paraíso terrenal, más el diluvio universal y el arca de Noé.
El ambicioso proyecto, promovido por un grupo de predicadores evangelistas conocido como «Respuestas en el Génesis» y que ha sido capaz de reunir 27 millones de dólares a través de donaciones privadas, aspira a servir como alternativa y contrapeso a los tradicionales museos de historia natural que asumen, explican e ilustran las teorías esbozadas hace ya siglo y medio por Charles Darwin, el naturalista británico que argumentó cómo la vida en la Tierra es fruto de una larga saga evolutiva, bajo un proceso de selección natural y a lo largo de millones de años a partir de microorganismos iniciales.
La verdad sobre el mundo
Para los promotores del llamado Museo de la Creación, el evolucionismo es responsable «de haber colocado a incontables mentes contra las Escrituras y Jesucristo, el creador del universo». Por lo que su aspiración es contar la verdad literal de un mundo creado hace seis mil años por Dios, en cuestión de una semana con un día de descanso, argumentando como artículo de fe que «la Biblia es la suprema autoridad en todas las cuestiones que aborda».
Para presentar esta ortodoxia y congregar por lo menos un cuarto de millón de visitantes durante el primer año, el Museo de la Creación contará con un derroche de tecnología, experiencias interactivas, exhibiciones robotizadas, fósiles excepcionales, medio centenar de vídeos, un planetarium, una recreación del arca de Noé de doce metros de altura, efectos especiales y su propio jardín del Edén. Además de su tienda y cafetería. Todo bajo una línea de argumentación bautizada como las siete letras «c» de la historia: creación, corrupción, catástrofe, confusión, Cristo, cruz y consumación. Como director y fundador de este montaje en la bucólica localidad de Petersburg, Kentucky, figura Ken Ham, un barbudo australiano, maestro de biología, que abandonó su labor pedagógica en bachillerato por problemas de conciencia, ya que, en su opinión, no hay duda alguna que de que la Biblia es «el libro de historia del universo». Por mucho que los científicos insistan en que el planeta Tierra tiene más de cuatro mil millones de años de antigüedad y que los dinosaurios aparecieron hace doscientos millones de años para desaparecer bastante antes de que los primeros ancestros humanos empezasen a hacer de las suyas.
Preparados para creer
Según Ham, su museo, bajo el cautivador lema de «prepárense para creer», aspira «a ser educativo, pero de forma entretenida», ya que «la calidad de nuestras exhibiciones está a la par con lo que se puede ver en los mejores museos de ciencia natural de cualquier parte del mundo».
Con todo, Ken Ham no funciona exactamente en solitario. Al menos media docena de organizaciones creacionistas operan en Estados Unidos contra lo que consideran la «élite evolucionista», en una tradición que se remonta al famoso juicio «Scopes Monkey» de 1925. Estos grupos con léxico propio organizan sus propias exposiciones alternativas, además de sus programas de radio, páginas web, seminarios, publicaciones y hasta expediciones. Con un celo que les lleva no sólo a reclamar reformas educativas a favor de su credo, sino también a denunciar encubiertos mensajes evolucionistas en las más populares y banales películas de Hollywood.
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