
MADRID. Ni con ETA ni con Batasuna. Eso dice, y sostiene, el Gobierno. La vicepresidenta primera del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, y el ministro de Defensa, José Bono, de quien depende el servicio de espionaje, negaron ayer «tajantemente» que existan negociaciones, conversaciones o contactos con ETA o con Batasuna.
Sin embargo, De la Vega midió mucho su respuesta cuando se le interrogó sobre la presunta existencia de conversaciones entre dirigentes del PSE y de Batasuna: «Diversos dirigentes del PSE han negado reiteradamente cualquier diálogo político oficial o negociación con Batasuna». No descartó, por tanto, que existan conversaciones informales, sino que, en todo caso, rechazó que pueda dárseles carácter «oficial» o de «negociación».
En lo que no hubo matices fue respecto a ETA. La vicepresidenta se limitó a repetir el desmentido genérico y a reiterar las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero en el sentido de que «los violentos sólo serán escuchados cuando expresen su voluntad inequívoca de abandonar el terror». Pero Bono se extendió.
No sólo negó con rotundidad que miembros del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) mantengan contactos con la banda terrorista, sino que aprovechó la oportunidad para reprochar al PP -sin mencionar estas siglas- su actitud en la lucha contra el terrorismo.
«Quienes siembran sospechas atribuyendo al Gobierno acciones que serían muy dignas de ser criticadas si fueran reales, pero que son falsas, deben recuperar la responsabilidad y la memoria de lo que hicieron y de lo que hicimos. Les pido que por el bien de España, que tantas veces se invoca en vano, y no es éste el caso, dejen de sembrar sospechas y recuperen su propia responsabilidad, y si no pudieran, por lo menos su memoria», dijo el titular de Defensa.
Bono acudió a la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros pertrechado con recortes de prensa. Dos en concreto: las declaraciones de José María Aznar refiriéndose a la banda y su entorno como «Movimiento Vasco de Liberación Nacional» en los prolegómenos de la negociación que el Gobierno que presidía entabló con ETA; y otras del entonces portavoz del Ejecutivo, Josep Piqué, que en noviembre de 1998 expresó la disposición gubernamental a «dialogar directamente» con la banda terrorista.
Bono sostuvo que «el único contacto que como miembro del Gobierno deseo tener con los terroristas es el que se produce cuando se les esposa para llevarlos a la cárcel».



