El fuego se cebó ayer en una humilde familia numerosa de origen ecuatoriano que eligió para vivir el pequeño pueblo de Torrecilla de Alcañiz, en Teruel, de apenas 450 vecinos. Tres bebés menores de un año muertos, dos de ellos gemelos, y otros tres hermanos y la madre heridos de diversa consideración -dos de ellos graves- es el balance de uno de los días más negros del municipio, que estaba organizando con ilusión sus fiestas patronales.
En la casa, de tres plantas, situada muy cerca de la iglesia del pueblo, vivían la madre con los siete niños, una tía y la abuela. El padre había muerto apenas un mes antes en accidente de tráfico.
A las diez y media de la mañana, fría como pocas, la abuela y la tía dieron la voz de alarma. Estaban en la calle, con uno de los niños. Los vecinos se movilizaron con rapidez. Mientras avisaban a los bomberos, una de las vecinas pidió auxilio a los trabajadores de una obra próxima. Con una grúa telescópica, consiguieron llegar hasta el balcón en el que se encontraban la madre y dos de las hijas, de doce y ocho años, a las que dejaron en la calle. Pero el tiempo pasaba muy deprisa y el humo se extendió por toda la vivienda.
Otros vecinos habían intentado acceder al interior de la vivienda, pero las llamas y el denso humo les frenaron el paso. En la tercera y última planta permanecían los tres bebés y otro niño de cuatro años.
Cuando llegaron los bomberos, consiguieron acceder hasta ese punto de esta modesta vivienda, superando las llamas, que se habían extendido con mucha rapidez. La escena que se encontraron en la tercera planta fue dantesca. Allí estaban los tres bebés sobre la cama, sin quemaduras pero inconscientes, amoratados por la inhalación de humo. No pudieron hacer nada por ellos.
Escondido bajo la cama
Debajo de la cama encontraron al otro niño, que se había escondido ahí presa del pánico al comprobar que no podía salir de la habitación y el fuego se acercaba. En cuanto le sacaron de aquel infierno, el pequeño fue trasladado en helicóptero hasta el Hospital Infantil de Zaragoza, donde quedó ingresado en estado grave por inhalación de humo.
La madre de los niños, de 42 años, resultó herida leve. Lo mismo les ocurrió a la abuela y a la tía, de 62 y 50 años, por intoxicación al haber respirado humo. Una de las niñas, la de 12 años, sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 15 por ciento de su cuerpo y fue trasladada en helicóptero al Hospital Miguel Servet. La otra niña, de ocho años, quedó internada en observación en el Hospital Comarcal de Alcañiz.
El horror del suceso quedó reflejado en la cara de muchos vecinos, que vieron con estupor y espanto cómo sacaban los bomberos los cuerpos de los tres bebés muertos por asfixia. Carmen, una vecina que se encontraba a un par de metros de la casa incendiada, explicó a ABC que «todo el pueblo se volcó para intentar socorrerlos, pero hicieron lo que pudieron, no lograron llegar hasta el tercer piso, que es donde se encontraban los bebés y otro niño». «Se da la circunstancia de que, por el frío, los hombres no habían salido al campo a recoger olivas y enseguida acudieron muchos a ayudar, pero era imposible, se extendió el fuego, puede que al abrirse la puerta y el balcón, que parece que ayudó al fuego. Fue horroroso».
Otro de los vecinos que intentó acceder al interior de la casa relató a ABC que «no pudimos, fue imposible, entramos a la casa, subimos por las escaleras, pero nos tuvimos que volver por el fuego y por el humo». El incendio se originó en el comedor, situado en el primer piso de esta casa unitaria repartida en tres alturas.
La madre, la abuela y las tías eran ecuatorianas y llevaban un año viviendo en esta localidad. Parte de los niños eran fruto de una relación anterior. Los otros, del español con el que se había casado y que había muerto en accidente las pasadas Navidades.



