MADRID. Ministros, presidentes autonómicos, políticos de alto rango, aspirantes a serlo, diplomáticos, abogados, sacerdotes, oficiales del Ejército y de la Guardia Civil, comisarios de Policía españoles y franceses, un periodista, algún industrial con problemas legales, un premio Nobel de la Paz y un obispo figuran en la nómina de intermediarios designados para el largo y tortuoso proceso de negociación entre el Estado y ETA-M que se inició en la Transición y que no parece tener fecha de caducidad. Pese a que todas las vías de diálogo con los «milis» acabaron en un rotundo fracaso, ningún Gobierno renuncia a los «atajos» con la pretensión de acelerar el final del terror.
Un número no despreciable de emisarios gubernamentales han acabado en la cárcel, en alguna ocasión, por aplicar de manera extrema aquello del «palo y la zanahoria». Otros fueron asesinados por la propia banda. Los primeros contactos se remontan a noviembre de 1975, cuando Franco agonizaba y con él su Régimen. En el trinquete de la comercial calle Pannecau, en Bayona, se dan cita Domingo Iturbe, «Txomin», y un emisario gubernamental que ofreció indulto a cambio de una tregua de tres meses. A principios de diciembre hubo un segundo encuentro, al que «Txomin» asistió con José Miguel Beñarán, «Argala».
Los años siguientes se caracterizaron por un sinfín de amagos por parte del Gobierno para negociar con ETA que, en 1978, exhibió la «alternativa KAS» como condición irrenunciable para hacer callar las armas. Adolfo Suárez lo intentó con los gobernadores civiles de Guipúzcoa José María Belloch y Antonio Oyarzábal y, tras fracasar, con los presidentes del Gobierno vasco en el exilio y de la Generalitat, Jesús María Leizaola y Josep Tarradellas, que llegaron a entrevistarse con dos representantes de la banda. Ante la falta de avances, fue el ministro de Asuntos Exteriores, José María de Areilza, quien, en enero de 1980, se entrevistó con Telesforo Monzón y Jokin Gorostidi. Mientras, el ministro de Gobernación, Rodolfo Martín Villa, utilizaba al redactor jefe de «La Gaceta del Norte» José María Portell para hacer llegar a «Argala» las ofertas del Ejecutivo. El periodista, a su vez, recurrió a un amigo, Juan Félix Eriz, experto en mediar en secuestros. Impaciente por la falta de resultados, el propio Martín Villa prepara un encuentro secreto en Ginebra, pero una vez allí se encontró con el plantón de la delegación terrorista. El 28 de junio de 1978 ETA asesinó a Portell acusándole de ser «un agente» de Martín Villa.
Llegada del PSOE
En medio de este caos, el presidente del Consejo General Vasco, Ramón Rubial, encarga al titular de la cartera de Interior, José María Benegas, aún sin competencias, una nueva vía para negociar con ETA.Benegas intenta entrevistarse en el sur de Francia con Monzón y «Argala», que no acuden a la cita al considerar que no cuenta con el suficiente apoyo.
Con la llegada del PSOE al Gobierno se disparan las negociaciones y, con ellas, los fracasos. A petición de Felipe González, el jesuita José María Martín Patiño se entrevista en julio de 1984 en París con «Txomin». La banda no accede a la petición del sacerdote: una tregua de un año que posibilitara nuevas conversaciones. El 23 de agosto de ese mismo año, el ministro del Interior, José Barrionuevo, declara públicamente estar dispuesto a negociar con ETA «donde quiera y cuando quiera». Una semana después, el embajador de Francia en Madrid, Pierre Guidoni, recibe a los dirigentes de Herri Batasuna Jokin Gorostidi y Santiago Brouard, a quienes entrega un ultimátum que tiene como destinataria a la banda: el 22 de septiembre deberán acudir a un local de los jesuitas en Burdeos «uno o varios responsables cualificados de ETA» para exigirles una tregua de 60 días como paso previo para que el Gobierno español designara «un interlocutor oficial habilitado para hablar de política». El diplomático advierte de que en caso contrario comenzaría una política de extradición de etarras a España. A la cita no acudió ningún etarra al considerar la banda que no disponían de las suficientes garantías de seguridad.
A finales de 1984 se detectan varios intentos del CESID, así como de los comisarios de la Policía Manuel Ballesteros, Domingo Martorell y José María Rubio de entrar en contacto con ETA, mientras que en enero de 1985 el entonces teniente coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo consigue reunirse con «Txomin» en la cafetería «Edén», de Andorra. Poco después gestionó, sin resultado, otro encuentro a través del militante de Acción Nacionalista Vasca Kepa Ordoki. Por aquellas fechas, el socialista Fernando Múgica, asesinado después por ETA, intenta abrir una vía de contacto que se queda en amago.
La estrategia negociadora comenzaría a tomar un nuevo rumbo después de que el 27 de abril de 1986 las autoridades francesas detuvieran a «Txomin», que finalmente fue trasladado, el 5 de septiembre, a Argelia. El país magrebí fue escenario de un interminable desfile de emisarios. Por allí pasó, el 13 de noviembre de 1986, el abogado Jorge Argote, acompañado del comisario Pedro Martínez. «¿Tú eres Argote? Pues si te llego a encontrar por la calle te doy dos hostias», le saludó el etarra al letrado, que le respondió en el toma y daca: «Si le hubiera encontrado en la calle yo también le hubiera dado dos hostias». Tras el fogueo verbal, hablan, pero sin acuerdos. Después, el 11 de enero de 1987, acudieron Julián Sancristóbal y Manuel Ballesteros. «Txomin» rebaja sus pretensiones, satisfecho en su ego, porque se ve ante una representación más política. «Lo que hubiéramos dado por engancharte y matarte cuando eras jefe de la lucha antiterrorista. Después de conocerte me costaría trabajo», le dice a Ballesteros al término de la reunión. Pero el 25 de febrero Iturbe fallece al precipitarse desde un tejado y en julio, apenas un mes después de la matanza de Hipercor, Eugenio Echebeste, «Antxón», llega como relevo. Y de nuevo, el desfile. Primero, Ballesteros y el comisario Jesús Martínez Torres. Después, repite Ballesteros. Como tercer visitante, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Julen Elgorriaga, que se encuentra con un «Antxón» que quiere ganar tiempo para comprobar qué quiere la dirección. Veinte días más tarde, ETA se lo aclara: «Vas demasiado rápido», le advierte a su representante, y para ralentizar el proceso asesina en la casa cuartel de Zaragoza a once personas, cinco de ellas niños. En efecto, el Gobierno da por roto los contactos. Sin embargo, el 20 de febrero de 1988 se reanuda el desfile con el regreso de Elgorriaga a Argelia. ««Antxón» era como un magnetófono. Grababa lo que yo le decía y lo hacía llegar a la cúpula. No tenía capacidad de decisión», recordaría Elgorriaga.
El secuestro de Emiliano Revilla y otros atentados paralizaron las conversaciones que, de nuevo, se reanudaron el 14 de enero de 1989. Ahora, son Rafael Vera y Juan Manuel Eguigaray los que comparten mesa con «Antxón», «Makario» y «Carmen». Como resultado se acuerda la constitución de una Mesa de Conversaciones Políticas» que llegaría a celebrar hasta cinco reuniones. Sin embargo, el 4 de abril ETA declaró abiertos «todos sus frentes» de lucha. Como asesor de la banda destaca el papel de Íñigo Iruin. «No se cambia ni una coma», instaba a «Antxón» cada vez que éste pretendía suavizar el texto impuesto desde Francia por la cúpula.
En plena ofensiva terrorista, los comisarios franceses Joël Catalá y Roger Boslé contactan con presos etarras para abrir la «vía Azkoiti». Además, tras la deportación de «Antxón» a Santo Domingo, la capital caribeña pasó a ser testigo del inagotable desfile de mediadores y aspirantes a serlo. Hasta cinco encuentros se celebraron allí entre «Antxón» y el diplomático Nicolás Martín Cinco, entre el 15 de marzo y el 20 de junio de 1990. Allí estuvo, además, el teniente coronel de la Guardia Civil Félix Hernando. Rafael Vera también se desplaza pero sólo habla por teléfono, en dos ocasiones, con Etxebeste. La banda, una vez más, sólo responde con atentados. Por allí pasaron también los dirigentes de Elkarri Jonan Fernández y Víctor Ayerdi, impotentes en su intento de conseguir la mediación de la Fundación Carter. Después, la secretaria de Estado de Seguridad Margarita Robles encarga al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel unamediación condenada al enésimo fracaso porque el felipismo se consumía.
El PP, en el poder
Tras su llegada a la Moncloa, Aznar designa a tres emisarios, Javier Zarzalejos, Ricardo Martí Fluxá y Pedro Arriola, que reunidos en Zúrich con «Mikel Antza», «Willy» y «Carmen» proponen salidas personales para los presos y huidos a cambio del abandono definitivo del terror. En el proceso ejerció de mediador el obispo Juan María Uriarte. «Antza, el ideólogo, apenas sabía hilvanar dos frases seguidas con cierto sentido. Los otros dos interlocutores permanecían mudos», relata uno de los presentes.
El ex gobernador civil de GuipúzcoaJuan María Jáuregui, en un alarde de ingenuidad, quiso abrir por su cuenta una nueva vía. Intentó sondear en el mundo nacionalista y, cuando hablaba con su amigo Jaime Otamendi, director de informativos de ETB, la banda lo asesinó bajo acusación de ser un agente del CESID.



