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La mirada en Sevilla y de reojo en Madrid

ZABALA DE LA SERNASEVILLA. Eduardo Canorea había dibujado una Feria de San Miguel redonda, con compás. La fecha de hoy se antojaba como un cartel radiante en el otoño: Morante de la Puebla, Castella y

Actualizado 29/09/2007 - 12:10:23
Eduardo Canorea había dibujado una Feria de San Miguel redonda, con compás. La fecha de hoy se antojaba como un cartel radiante en el otoño: Morante de la Puebla, Castella y El Cid. Y el de mañana contaba con el atractivo de José María Manzanares junto a Salvador Cortés y Miguel Ángel Perera. Por los avatares de la temporada, los ánimos, las anemias y el dengue, de los seis toreros anunciados sólo han quedado en pie El Cid, Cortés y Perera, éste con la fuerza redoblada por el momento que atraviesa. O sea, que El Cid se cita esta tarde con su Sevilla, donde hace un año en punto abrió la Puerta del Príncipe con cuatro llaves de autoridad y buen toreo. Y, sobre todo, llega El Cid a su tierra con la gran conquista de Bilbao frente a seis victorinos de hierro, uno de los cinco hitos de la temporada 2007, sin duda el gesto y la gesta del año. «La verdad es que estoy muy contento, con una ilusión tremenda porque para mí es la tarde más importante de lo que me queda de temporada», dice El Cid horas antes de vestirse de luces en Pozoblanco, maldito nombre de oscura pena. «Hay buen ambiente. Siempre se me ha dado muy bien la Feria de San Miguel -asegura, recordando la tarde de los seis toros de hace un año-. Voy muy toreado y mentalizado». La siguiente pregunta es si nota que se le mira con otros ojos después de la hazaña de Vista Alegre. La respuesta es casi evidente: «En mi vida profesional ha habido un antes y un después. Lo noto entre los aficionados y entre los mismos compañeros. Desde Bilbao a esta parte el interés por verme ha crecido en el público, y yo disfruto más».
Julito Aparicio es su compañero de cartel. También Salvador Vega. Pero lo de Aparicio se ubica en el archivo de los expedientes X o casos aparte: en una sola tarde en mitad de agosto en El Escorial ha conseguido que todo el mundo hable de él y ligar un buen puñado de contratos y triunfos. La Maestranza ya son palabras mayores. O el examen serio para saber si hemos recuperado a aquel torero que encandilaba.
Sin desmerecer a nadie, mañana Miguel Ángel Perera soporta el peso de la expectación. Desde agosto hasta ahora, se ha desencadenado con una fuerza de huracán. Cortó un rabo en Nimes y un reguero de orejas por donde ha pisado. Pero más que las orejas, necesarias para hacerse oír, es el peso de su toreo lo que cuenta. Curro Díaz, de torería pinturera, y Salvador Cortés, de reciedumbre torera, comparten paseíllo y cartel.
A la par, arranca la tibia Feria de Otoño de Madrid con una novillada (Antonio Nazaré, Pepe Moral y Francisco Pajares), y la corrida de mañana: Uceda Leal, César Jiménez y Matías Tejela. Los tres necesitan como el campo el agua agarrarse a un triunfo que les saque del pozo del olvido que se abre como una boca de ogro bajo sus pies. Paradójicas trayectorias, alicaídas cuando entre las tres suman cinco Puertas Grandes desde 2004.
El eco de Las Ventas les debe servir a ellos y a la propia plaza para reivindicar su existencia después de un verano en blanco. O en negro.
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