A finales de los años 30 el multimillonario empresario y aviador Howard Hughes bebía los vientos por la fierecilla indomable Katherine Hepburn. Ella prefería llamar «amistad» a aquello, pero el caso es que el excéntrico Hughes le había «regalado» parte de la producción teatral de «The Philadelphia story», escrita por Phillip Barry, con la que la actriz, protagonista ella, cosecharía un éxito memorable en Broadway. Una ofrenda que se amplió con el guión para la versión cinematográfica de la obra, que le fue encargado a Donald Ogden Stewart. Hepburn, maravillosa actriz y terror de productores de cine (era apodada «veneno para la taquilla» por su impopularidad) quería como acompañantes de reparto a Clark Gable y Spencer Tracy. Hughes se empeñó en que los papeles los representaran James Stewart y, especialmente, Cary Grant. La rumorología cuenta que sin Grant jamás se hubiera llevado a cabo esta película fundamental. El actor, que ya había compartido cámara con Hepburn en «La gran aventura de Silvia», «La fiera de mi niña» y «Vivir para gozar», aceptó a cambio de que su nombre apareciera en primer lugar en los títulos de crédito y en la cartelería promocional. Así fue. «Historias de Filadelfia» (1940) se convirtió en un exitazo de crítica y taquilla, James Stewart consiguió un Oscar y Donald Ogden Stewart, otro. George Cukor, quien dirigió con sabia eficiencia este film producido por el mago Joseph Mankiewicz, fue nominado a la estatuilla. Y también Hepburn, reconciliada a partir de entonces con el público. Cary Grant, por su parte, acrecentó su poderío entre las masas, sobre todo tras donar sus emolumentos (unos 140.000 dólares, una auténtica fortuna para la época) al Fondo Británico de Socorros de Guerra. Todos contentos menos Hughes, que vio cómo su adorada reina Hepburn se le marchaba al poco con Spencer Tracy. Ironías de la vida.
Cary Grant da vida a C.K. Dexter Haven, divorciado de la joven aristócrata Tracy Lord (Katherine Hepburn), quien va a contraer nuevas nupcias con el «trepa» George Kittridge (John Howard). En vísperas de la boda, Dexter, recuperado de su violenta afición al alcohol y cuya intención es que la ceremonia no se celebre, se las ingenia para que una pareja de periodistas de la revista Spy, Macauley Connor (James Stewart) y Elizabeth Imbrie (Ruth Hussey), lleven a cabo el reportaje del enlace. Tracy, reacia, tiene que aceptar para evitar que el nombre de su padre salga a la luz por sus devaneos con una corista neoyorquina. Lo que ocurre a partir de entonces se convierte en un relato microscópico de la alta sociedad urbana estadounidense, mezcla de comedia y drama, con todas esas pequeñas y ridículas miserias que se esconden tras el oropel. Una obra maestra imprescindible.



