Desde el inicio de este nuevo siglo mosconeaba por el deporte de elite el rumor de un mito: la EPO invisible. La «Dynepo». Indetectable. Se trata de un calco de la EPO sintetizada en el riñón humano, de la hormona que estimula la creación de glóbulos rojos. Un avance médico destinado a los pacientes con insuficiencia renal crónica. O, de rebote, para subir las montañas del Tour de Francia. Eso hizo, según el laboratorio francés de Chatenay-Malabry, Michael Rasmussen en la pasada ronda gala. Y quizá, como apunta el diario «L´Equipe», ésa fue la causa real de su expulsión cuando ya tenía la carrera prácticamente ganada.
La trampa suele ser más veloz que la ley. La actual legislación de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no tiene cepo para la «Dynepo». Demasiado moderna. Así ha ingresado la «Dynepo» en el deporte. En silencio. Y por sorpresa: es un producto aún no comercializado y del que sólo pueden disponer los hospitales para realizar estudios. ¿Cómo entonces llega al ciclismo? Porque lo prohibido es el mejor negocio. La EPO invisible hay que pagarla. Cara.
Y eficaz. Al ser sintetizada a partir de células humanas -la EPO tradicional era de origen animal- deja un rastro casi imperceptible. Sus usuarios la utilizan en dosis pequeñas, de entre 200 y 500 unidades. Cada dos o tres días. Así no se producen oscilaciones evidentes en la producción de los reticulocitos , que es uno de los índices más observados por los controladores antidopaje.
Además, la «Dynepo» puede ser desviada por el propio organismo hacia la generación de testosterona si el cuerpo acumula un exceso de fatiga. Esto es, revitaliza y oxigena, y encima invisible para los laboratorios deportivos.
En Francia, en el centro de Chatenay-Malabry, acaban de bajar la barrera. Han enviado a la UCI un informe sobre Rasmussen. En la orina del danés aparece la huella de la «Dynepo», pero no se ha podido declarar el positivo porque los criterios de la AMA no están adaptados al ritmo del mercado farmacológico.
Las autoridades francesas se pusieron en contacto con la dirección del Tour cuando aún no había concluido la carrera. Durante la etapa que terminaba en el Aubisque, venció Rasmussen, el equipo Rabobank fue informado de la situación. Su líder no había dado positivo, pero el laboratorio le acusaba de recurrir a la EPO invisible. De ahí que esa misma noche el conjunto holandés decidiera sacar de la ronda al escalador. Pierde pues peso la teoría de que Rabobank le expulsó por haber mentido sobre su lugar de entrenamiento para esquivar los controles antipodaje de la UCI.
La «Dynepo» ya no es tan invisible. Y cuando el método de detección sea validado, Rasmussen podría ser sancionado. Pena retroactiva. Hacia atrás, como rueda el ciclismo desde hace una década.


