
El embajador Abella con Juan Pablo II, en una audiencia en el Vaticano en 2001. ABC
El embajador de España ante la Santa Sede, Carlos Abella, salió ayer al paso de las acusaciones contra la Obra Pía española en Roma asegurando que «cumple perfectamente sus fines, sin costar nada al Estado español, y mantiene la voluntad de los donantes a lo largo de los siglos». Según el embajador Abella, la Obra Pía envía acta de sus reuniones al Ministerio de Asuntos Exteriores y se somete a auditorías externas anuales. El reciente traslado del «número dos» de la Embajada, Jesús Julio López Jacoiste, es ajeno a la gestión de la Obra Pía, que tampoco ha causado enfrentamiento alguno entre la ministra Stefanía Prestigiacomo y el diputado Alberto Michelini, que no era su competidor sino su representante. El predominio del enrevesado estilo barroco en torno a los 25 edificios de la Obra Pía en el centro de Roma ha contagiado su estructura de gestión y dado pie a la polémica en torno a los apartamentos más codiciados de la Ciudad Eterna. Como presidente de la Obra Pía, el embajador Carlos Abella manifestó a ABC que «la junta de Gobierno se reúne unas seis u ocho veces al año, y las actas se envían siempre al Ministerio de Asuntos Exteriores. No se hacen públicas como no las hacen públicas otras entidades similares. Pero se cumplen los fines benéficos y se proporciona un alojamiento favorable a algunos españoles destinados temporalmente en Roma o a personalidades italianas que interesen a España».
Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores confirmaron a ABC que los desacuerdos del ministro consejero Jesús Julio López Jacoiste sobre el modo de adjudicar los apartamentos «no han tenido nada que ver con su traslado», decidido ya por la junta de la Carrera Diplomática cuando se produjo el último choque con el embajador Abella por la gestión de los Establecimientos Españoles en Italia, nombre oficial de la entidad que reúne los legados de la Obra Pía de Aragón y Cataluña, creada en el siglo XIV, y de la Obra Pía de Castilla y León, establecida en el siglo XV.
Antiguas desavenencias
Desavenencias antiguas entre eclesiásticos terminaron por dejar la Presidencia de la entidad en manos del embajador de España ante la Santa Sede, flanqueado por el ministro consejero de la Embajada y el Consejero, que actúa como secretario.
A su vez, los cuatro miembros eclesiásticos incluyen dos de oficio -los rectores de las iglesias de Santiago y Montserrat y de San Pietro in Montorio- así como dos miembros cooptados, que actualmente son monseñor Jesús Irigoyen, canónigo de San Pedro del Vaticano, y monseñor Juan Esquerda Bifet, canónigo de Santa María la Mayor. El cargo de administrador, que no cuenta con voz ni con voto en la junta de Gobierno, lo desempeña el italiano Eugenio Ruggieri.
Estas ocho personas han abordado, al ritmo de una reunión cada dos meses, la saga de la adjudicación del famoso apartamento de Indro Montanelli en Plaza Navona 93, una de las direcciones más elegantes de Roma. El 18 de septiembre de 2001 lo solicita la ministra de Igualdad de Oportunidades, Stefanía Prestigiacomo, quien vivía justo enfrente en otro piso español. Su primera oferta era de tres millones y medio de liras mensuales, la mitad de lo que esperaba la Obra Pía.
En noviembre del año siguiente, según el embajador Carlos Abella, «una agencia independiente valoró el alquiler mensual en unos diez millones de liras. Como la Obra Pía suele actuar a un 15 ó un 20 por ciento por debajo del mercado, se le comunicó que el mínimo serían ocho millones de liras. A la ministra le parecía demasiado pero su intermediario, el diputado Alberto Michelini, se manifestó dispuesto a pagar esa cifra y se decidió adjudicárselo cuando termine la restauración. A su vez, la ministra ha preferido ocupar otro apartamento con entrada desde el Corso Rinascimento».
Difícil modernización
Una entidad seis veces centenaria es difícil de modernizar, pero la Obra Pía ha comenzado a someterse a auditorías anuales, realizadas por el Gabinete Stefano Pasquali, que también se envían al Ministerio de Asuntos Exteriores junto con los balances anuales. Las ganancias ascendieron a 452.188 euros en 1997, a 558.042 en 1998, a 315.292 en 1999 y a 97.625 en el año 2000. A partir de ahí comienzan las pérdidas de 345.182 euros en 2001 y de 614.324 euros en el 2002.
Según la entidad, «los números rojos se deben al pago de las obras que realizamos en torno al Jubileo. El resultado especialmente deficitario de 2002 responde al retroceso, quizá temporal, de los mercados financieros, donde se conserva parte del patrimonio pero, sobre todo, a grandes inversiones en restauración de apartamentos. En el primer semestre de 2003 estamos ya de nuevo obteniendo beneficios». Aunque ya no hay peregrinos abandonados ni doncellas huérfanas, una parte de ese dinero se destina al Cementerio de Españoles en la necrópolis de San Lorenzo al Verano, donde se da sepultura a los españoles que carecen de medios o de familia en Roma. Los fondos mantienen la Iglesia de Santiago y Montserrat, convertida en iglesia nacional española como sucesora de las iglesias nacionales de Aragón y de Castilla.
El embajador Carlos Abella subraya que, «a diferencia de San Pietro in Montorio, que fue un templo votivo construido por los Reyes Católicos, la Obras Pías no han costado nunca un céntimo al erario español. Se mantienen con «mandas» y herencias, que le permiten cumplir los fines indicados por los donantes. Cada año, las misas encomendadas por los difuntos superan las cinco mil en iglesias de Roma y de Palermo, donde la Obra Pía conserva dos templos».



