
JULIÁN DE DOMINGO Juan Ángel Juristo
Juan Ángel Juristo sitúa «Detrás del sol» (Trama editorial) en tres épocas distintas, la del emperador romano Antonino Pío; la del bizantino Justiniano II y el Madrid contemporáneo porque «buscaba describir una situación fantasmagórica y me parecen épocas de límite. Durante el reinado de Antonino Pío el imperio ya estaba asentado, pero comenzaba a resquebrajarse. En la época de Justiniano II, aún Bizancio es fuerte, aunque el islam por entonces ya no sólo era una amenaza: Capadocia cae en sus manos... Son tiempos donde este resquebrajamiento es mínimo pero en los que se anuncia el germen de la decadencia y, además, se confunde al enemigo. El militar que protagoniza el segundo tramo del libro no vive en Constantinopla, sino en la frontera siria, y cree que los enemigos reales de Bizancio son los persas y no los árabes». Aunque el argumento discurre en Roma y Bizancio, Juristo afirma: «No me gusta la llamada «novela histórica», por no decir que la detesto: la historia no es novela y la novela no es historia. Ya sé que parece una contradicción, pero los relatos de mi libro sólo transcurren en el pasado, no es el pasado el que los protagoniza o busca explicarse. Para mí el modelo de novela histórica sería, por un lado, «Salambó» de Flaubert, y por el otro, «La cartuja de Parma» de Stendhal».
Sin embargo, «Salambó» es pura pedrería, no tiene nada que ver con Cartago... «Ocurre que Flaubert consultó toda la documentación que había en su época de Cartago, más de sesenta libros... lo cual no significa que lo que entonces se sabía de Cartago fuera Cartago. En fin, Flaubert inventó el cine de cartón piedra a lo Cecil B. De Mille, el peplum y los estudios Cinecittá... Con esa novela pretendidamente histórica lo inventó todo. Por su parte, Stendhal no pretende ninguna exactitud cuando escribe «La cartuja...», sino recrear una atmósfera y al hacerlo, además consigue inmortalizar Parma...»
«Detrás del sol» exige lectores que gustan demorarse en la lectura, no está escrita con un lenguaje funcional, sino en prosa de intensidades, interiorizada, de periodos largos y de gran riqueza expresiva, y tampoco su temática es fácil. «Son tres historias de fuga, aunque las que transcurren en el pasado tienen salida y la contemporánea, no, quizá porque nuestro mundo, en el que se ha anunciado el fin de la historia, ya no hay salidas. Hoy las salidas no existen porque el mundo, con la revolución de las comunicaciones, es muchísimo más pequeño que antes. Si se mira una fotografía de la Carrera de San Jerónimo sacada en el siglo XIX, ésta parece mucho más grande que ahora, y no porque entonces la gente fuera más bajita, sino porque había muchas menos cosas».
Muy lejos, pues, de la novela histórica tan de moda hoy día, «Detrás del sol» tampoco parece española. «A pesar de que hay autores españoles que me gustan mucho y de que yo he estudiado filología hispánica, no soy un lector fascinado por la tradicción española. Creo que ése es, incluso, un rasgo generacional... Quizá porque nuestra generación aprendió la tradición de la modernidad en la literatura hispanoamericana y, a partir de ella, incorporamos influencias norteamericanas, francesas, italianas...».


