Daniel Diges durante uno de los ensayos de Eurovisión / Reuters
Los soldados están a punto de saltar al campo de batalla. Con la voz como arma y Oslo como escenario, 39 países se enfrentan conscientes de que sólo uno alcanzará la victoria. Decía Napoleón: «La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria». Esta noche, Daniel Diges despliega su «pequeñito circo» para representar a España en Eurovisión.
-Se acerca la actuación, ¿cómo se siente?
-Un poco nervioso, pero con ganas. Me apetece mucho subirme al escenario y hacerlo todo lo mejor que pueda.
-Es el escenario más grande en el que va a actuar, ¿no le asusta la idea de poder padecer pánico escénico?
-No, la verdad. Me gustan los escenarios. Ese miedo me desapareció hace cuatro años gracias al teatro. Lo que más miedo me da son las cámaras, me imponen como actor.
-¿Cree que le puede perjudicar salir el segundo?
-No lo sé. Ha cambiado todo el sistema de votación.
-¿Con qué posibilidades reales cuenta España para ganar?
-Tampoco lo sé. Quedemos como quedemos, ya me siento campeón, con la gente que me quiere y a los que la canción les gusta. El puesto, a veces, es superficial. Si lo haces bien, para tu público, has ganado y nosotros ganaremos por originalidad, aunque no consigamos el primer puesto.
-¿Qué tiene «Algo Pequeñito» para que los países la voten?
-Es bonita y original. Puede gustarte o no, pero te engancha. Te pasas el día taradeando la cancioncita, y eso es un buen aliado.
-¿Cree que el hecho de cantar en español es un impedimento para ganar el festival?
-¿Impedimiento? No, el español es muy bonito y gusta mucho. Además, hay mucha gente hispana viviendo por toda Europa. Personalmente, prohibiría cantar en inglés. Eurovisión es un concurso de países. Tienes tu idioma y debes defender a tu país.
-Haciendo una predicción, ¿de qué países cree que puede obtener más puntos?
-De Grecia, de Portugal, en Inglaterra creo que también gustamos bastante.
-Andorra suele conceder los 12 puntos a España, ¿le preocupa que este año no participe?
-No me lo planteo. Hay muchos países a los que les gusta la canción. Como dijo Uribarri, ya no va a ser todo amiguismo. Contamos con un jurado, que nos puede beneficiar, y el otro 50 por ciento es a través del televoto.
-¿Cuál es su rival más fuerte?
-No hay un competidor real que digas: ¡Éste va a ganar! Hay varios, de hecho muchos. Me gustan Noruega, Portugal y Dinamarca.
-¿De qué diseñador será el traje que luzca en el certamen?
-Carlos Pignatelli. Me hizo el traje para «Rumbo a Eurovisión». Yo quería ponérmelo para la semifinal, pero no me dejaron. Me dijeron: si ganas y vas a Eurovisión.
-¿Manías antes de actuar?
-Entrar con el pie derecho.Una hora antes me concentro en el camerino. Me pongo histérico y echo a todo el mundo.¡Iros de aquí!, (se ríe).
-¿Es supersticioso?
-Super supersticioso... Dentro del traje llevo una chapita de mi hijo. Además, me han regalado unas piedrecitas, tantas que no sé dónde voy a ponérmelas. ¡A ver si me sirven para algo!, (bromea).
-¿Ha pensado en el día después de Eurovisión?
-Según cómo quede.(se ríe). Voy a seguir trabajando en musicales. Aquí tengo mi trabajo, mis cosas y es lo que quiero. Creo que el fallo está en quedarse en casa, tirado en el sillón esperando a que te llamen. Tienes que ser consciente de que el día 30 ya no vas generar tanto interés socialmente, es lógico y coherente.



