El histórico Palacio de la Música prolonga su agonía y se mantiene abierto unos días tras una decisión «in extremis» de la empresa. Curiosos, aficionados y nostálgicos lamentan su inminente desaparición
Estaba previsto para ayer el sepelio, pero finalmente el histórico cine Palacio de la Música agonizará unos días más. Aunque la fecha inicialmente prevista para su cierre era ayer, finalmente los propietarios decidieron aplazarla a la primera quincena de junio. Sea como sea, el cine está sentenciado. Sin embargo, los últimos estertores de la octogenaria sala atrajeron ayer a nostálgicos y curiosos, que quisieron despedirse de uno de los buques insignia de la cartelera madrileña.
No era el Palacio el único octogenario ayer en Gran Vía. También lo eran algunos de los que se acercaron a las proyecciones postreras de estos días.Uno de ellos era Miguel, quecon 84 primaveras a sus espaldas se paseba, cámara digital en mano, tomando instantáneas de lo que para él es un templo de la cultura y de la memoria: «La noticia del cierre me produce mucha nostalgia. Yo he vivido aquí momentos inovidables».
El Palacio antes también era un auditorio musical. Miguel recuerda haber visto actuar allí a la Orquesta Nacional; «con Ataúlfo Argenta de director», recalca este anciano, que respira aliviado tras conocer el destino que presumiblemente espera a este histórico edificio. Toma cuerpo la hipótesis de que la Fundación Caja Madrid lo recuperará como auditorio de música clásica.
Cinéfilos
También sacó su entrada ayer Segundo Marina, veterano cinéfilo, que recordaba algunos momentos inolvidables vividos en el Palacio de la Música: «Daban "Arco de Triunfo", de Lewis Milestone, con Ingrid Bergman.
Para Segundo, con el Palacio de la Música no se extingue sólo el escenario de imborrables recuerdos, sino también una manera de entender el cine. «Este era un cine de lujo. Desaparece esa concepción que recogía Woody Allen en "Días de Radio" de ir al cine por el placer del escenario además del de la película». Segundo es un verdadero amante del cine: «Me pasé la Guerra Civil viendo films en el cine Doré, mientras arreciaban los bombardeos» y lamenta profundamente el cierre de uno de los cines de su vida.
Del Avenida al Palacio
La mujer de Segundo, Concha, comparte las quejas de su esposo. Es una de las más directas afectadas por la imparable desertización de cines del centro de la capital: «Nosotros vivimos al lado del Cid Campeador, que también cerró, como tantos otros. Nos estamos quedando sin cines a los que ir». Esta señora no ocultaba su enfado: «No entiendo porque el centro de París sigue estando lleno de cines y el de Madrid no». Tanto Segundo como Concha tienen claro dónde reside la responsabilidad de que al centro de la ciudad le esté pasando con los cines lo mismo que a la Amazonía con los árboles: «El Ayuntamiento autorizó su cambio de uso», señalan.
En idéntico sentido se manifestaba una de las taquilleras, que, molesta por tener que abandonar la resolución de crucigramas en la que invertía su jornada, reprochaba a los periodistas que «todos vienen al entierro, pero nadie cuando lo mataron. Nadie dijo nada cuando el Ayuntamiento suprimió la protección». El resquemor de esta empleada está más que justificado. Su futuro laboral se presenta ahora de todo menos alentador.
Recolocación de empleados
Es uno de los afortunados miembros de la plantilla para los que habrá recolocación en otro cine de la empresa, el Acteón, situado en la calle Montera, pero ella tiene claro que «ese también acabará cerrando». No se trata de un temor infundado. La empresa, Filmofono S. A., era también propietaria de otros cines de la capital que ya son historia por más que muchos los recuerden vívidamente, como el Avenida, el Juan de Austria, o el Benlliure, lista que enumera un empleado que prefiere no dar su nombre.
El periplo de un cine a otro que ahora inicia esta taquillera ya lo ha recorrido José Luis. que fue trasladado al Palacio de la Música tras el cierre del Avenida, pero para el que esta vez no habrá alternativa: «Me dijeron que no puedo ir al Acteón porque no hay más plazas, así que me pagan la indemnización y a la calle». Así acaba una relación laboral de 16 años.
La empresa propietaria del cine está controlada por la familia Soler, la de Juan Soler, principal accionista del Valencia Club de Fútbol, cuyo hermano Javier figura como administrador único de la sociedad. Para los últimos días del cine ha elegido proyectar «Antes que el diablo sepa que has muerto». Un título apropiado para una muerte anunciada.