«Creemos que este parásito de origen asiático no lleva en Europa más de una década», explica Mariano Higes. Sin embargo, aquí sí que quedan líneas de investigación abiertas, pues «es muy poco tiempo para que llegue de Oriente hasta aquí». La «varroa destructor», otro agente parásito de las abejas, tardó cuarenta años en llegar. Aunque una de las hipótesis que se barajan para esta llegada tan rápida es la del cambio climático, desde el Centro Apícola de Marchamalo se ve más lógico que todo sea producto de la intensificación de las transacciones comerciales y del intercambio de material biológico sin control sanitario. «Es la época de la globalización», dice Mariano Higes
Lo mismo ocurrió con la «varroa»: abejas melíferas que se llevan a Oriente, por tanto, un hospedador que no sabía defenderse del parásito, y éste va pasando de colmena a colmena. Lo que sí está claro, dice Higes, es que la «varroa» y el «Nosema ceranae» están hiriendo de muerte a las colmenas de todo el mundo. En España podrían haber muerto hasta un tercio de las abejas en los últimos años. En Estados Unidos calculan que se ha perdido una cuarta parte de las colmenas, que se estiman en 2,4 millones. Por tanto, serían decenas de miles de millones de abejas las que habrían caído víctimas de una enfermedad que llegó sigilosamente de Oriente.



