Juan Carlos Cubeiro, director de Eurotalent y uno de los coach más prestigiosos de España, afirma que los políticos que utilizan el coaching (entrenamiento de sus habilidades) «no deben ser obedientes sino inteligentes; es decir, son conscientes de que siempre se puede mejorar. Un coach es un espejo que te permite ver cómo eres sin las distorsiones de los que te halagan (y en campaña es esencial), que te ayuda a reflexionar, a sopesar los pros y los contras, y a asegurar que alcanzas lo que te propones, pero jamás el coach debe proponerte nada. Nunca puede caer en la tentación de decidir por el interesado. Sería un error catastrófico actuar como una especie de Rasputín o de valido de Felipe IV o Carlos II. La imagen, el que se juega su vida personal y profesional, el que se atreve es el político. Estamos en una «economía de la atención» -subraya Cubeiro- y conseguir que un político sea conocido, respetado e incluso admirado (por los suyos, no por todos) es enormemente difícil. Aquí se aplica aquella frase del humorista Bill Cosby: «No sé cuál es el secreto del éxito, pero sí el secreto del fracaso, y es querer contentar a todo el mundo todo el tiempo»».



