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Vivir junto a un polvorín

El Ayuntamiento ha emprendido el proceso de remodelación de la zona llamada Can Sanchís, en el barrio de Bon Pastor donde, en los últimos veinte años, han muerto cinco personas en dos extrañas explosiones. Los vecinos creen que el origen de las deflagraciones está en la antigua fábrica de armas.

Actualizado 29/04/2002 - 23:47:57
Los vecinos sospechan de que tras las explosiones está la antigua fábrica de armas. Elena Carreras
Los vecinos sospechan de que tras las explosiones está la antigua fábrica de armas. Elena Carreras
BARCELONA. Abril de 1981: Tres personas fallecen en una extraña explosión ocurrida en los bajos del número 27 de la calle Enric Sanchís, situada en un polígono industrial del barrio del Bon Pastor, en el distrito de Sant Andreu. La deflagración causa detrozos en edificios colindantes. Mayo de 1982: Dos trabajadores de la empresa Talleres Lafosa fallecen y otros dos resultan heridos en otra explosión, ocurrida también en la misma calle.
Las causas nunca fueron esclarecidas. Se habló de varias hipótesis, entre ellas la del abandono de sacos de pólvora negra, pero, ante la ausencia de metralla, la falta de olor -la pólvora desprende un olor muy reconocible- y la potente deflagración que caracterizó ambas explosiones, para los vecinos del barrio no cabe duda de que el origen está en la antigua área restringida de la fábrica de explosivos que durante la guerra civil estuvo emplazada en los terrenos denominados Can Sanchís y que hoy coincide con el inmueble de la calle Enric Sanchís. En 1981, tras el primer siniestro, la asociación de vecinos ya pidió al Ayuntamiento la elaboración de un Plan Especial de Reforma Interior (PERI) que contemplara la inspección del terreno con la finalidad de que no se volviera a repetir un suceso de tales características. Un año después se produjo una nueva explosión mortal.
Elaboración de un PERI
El Ayuntamiento de Barcelona ha tardado veinte años en elaborar un PERI que contempla la reforma de la zona y la construcción de equipamientos sociales, por lo que la antigua fábrica será sustituida por un centro cívico, una nueva biblioteca y un centro cultural. El proyecto está en fase de alegaciones y la asociación de vecinos de Bon Pastor ha solicitado que se lleven a cabo trabajos previos de inspección para evitar sorpresas o accidentes no deseados.
Durante dos décadas, los habitantes de este barrio han vivido con el temor de que se produjeran nuevas explosiones. Durante ese mismo período, Pilar Delgado Ramírez, hija de una de las víctimas, ha vivido con la incertidumbre de no saber lo que realmente ocurrió ese 27 de abril de 1981. En su desesperada búsqueda de la verdad, acudió a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que le ofrece asesoramiento pero que, según reconoce su delegado en Cataluña, Roberto Manrique, «es difícil que se pueda reconocer el derecho de esta mujer a recibir una indemnización como víctima de un atentado». La madre de Pilar, Concepción Ramírez Morales, desempeñaba su jornada laboral en la conserjería del conjunto de talleres de la calle Enric Sanchís cuando fue visitada por su amiga Genara Torrado Ortiz y el hijo de ésta, Sergio Nieves Torrado, que entonces tenía siete años. Los tres decidieron dar un pequeño paseo por los alrededores cuando se produjo la fatal explosión, en la que fallecieron los tres.
La única explicación oficial obtenida por Pilar procede de la Delegación del Gobierno en Cataluña. «La investigación policial posterior -indica el escrito enviado a la afectada-, constatada con los informes de bomberos y técnicos en desactivación de explosivos, no permitió determinar las causas de la explosión, ni ésta fue reivindicada por grupo alguno». Añade que «según las manifestaciones de los vecinos del inmueble siniestrado, durante la Guerra Civil existió una fábrica de explosivos en las inmediaciones, barajándose la posibilidad de que ésta hubiera sido la causa del accidente».
Algo más extensa fue la investigación abierta a raíz de la explosión que mató a dos trabajadores, Jesús Lafosa Larraga y Julio Escudero Escudero, y causó heridas a Joaquín Piera Martín y Licinio Simon Martín. El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo elaboró un informe, remitido el 25 de mayo de 1982 al Juzgado de Instrucción número 11 de Barcelona, que asumió la investigación de los hechos, en el que además de describir la gran virulencia de la deflagración, determina que «la hipótesis más fiable de la causa es la de la existencia de un explosivo. El haber encontrado en los análisis químicos efectuados los componentes de la pólvora negra hace más fiable la hipótesis de que el explosivo fuese fabricado a base de pólvora, que la de un explosivo orgánico que no deja restos». Los análisis efectuados por el Laboratorio de la Maestranza de Artillería de Barcelona y por el Instituto Químico de Sarrià corroboraron esta versión.
Tras este nuevo suceso, los vecinos de Bon Pastor reiteraron sus quejas por la situación de inseguridad existente en el barrio ya que, a su juicio, quedaba claro que resulta muy peligroso pisar todo lo que era la antigua área restringida de la fábrica. Hoy, por fin, parece que sus reclamaciones son escuchadas.
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