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El paraíso de los dinosaurios

La historia de La Rioja nos habla de una tierra por la que transitaron numerosos pueblos dejando una fuerte impronta a su paso, pero mucho antes, hace aproximadamente ciento veinte millones de años

Actualizado 29/02/2008 - 20:57:55
La historia de La Rioja nos habla de una tierra por la que transitaron numerosos pueblos dejando una fuerte impronta a su paso, pero mucho antes, hace aproximadamente ciento veinte millones de años, existieron unos gigantescos animales que poblaron el campo riojano. De ello dan fe las numerosas huellas de dinosaurios que se reparten por toda la región y que pueden ser admiradas en una ruta que ya se ha hecho muy popular especialmente para familias con niños.
Las huellas que se conservan en La Rioja Baja datan del Cretácico (posterior al Jurásico), periodo en el que se inició el movimiento de los continentes. Esta etapa se caracterizó por un clima benigno y muy húmedo, propicio para la vida de estos mastodónticos animales que se adaptaron a una tierra con abundantes aguas pantanosas y vasta vegetación. La especie ocupaba entonces una extensa zona que abarcaba la actual cuenca alta del río Cidacos, de los ríos Linares y Alhama, además de parte de la cuenca media y alta del Leza.
Hoy se sabe que La Rioja reúne la mayor concentración mundial de huellas contabilizadas y catalogadas con más de diez mil, aunque muchas de las huellas producidas desaparecieron por efecto del agua o por la propia acumulación de barro. En algunos casos, sin embargo, el barro llegaba a endurecerse haciéndose más resistente a los agentes erosivos y la acumulación posterior de sedimentos sobre el barro y su transformación en piedra daría lugar a las marcas fósiles que hoy se pueden encontrar.
Las huellas más comunes en La Rioja son las tridáctilas (las de tres dedos), que suelen corresponder a dinosaurios bípedos, pertenecientes a los Ornitópodos (herbívoros) y a los Saurópodos (carnívoros). Las pisadas redondeadas con cinco dedos proceden de los cuadrúpedos, a veces de grandes dimensiones. En lo que respecta a las marcas de las patas delanteras o manos, éstas suelen ser de menor tamaño que las traseras. Por sus dimensiones y profundidad se puede calcular, con cierta fiabilidad, el tamaño que poseía el dinosaurio en cuestión. Además, a través de los rastros dejados por los dinosaurios, los paleontólogos han podido determinar la velocidad que podía alcanzar el animal. Se ha estudiado para ello la zancada, que sería la distancia hallada entre dos icnitas consecutivas producidas por el mismo pie y el ángulo de paso, es decir, el formado por tres huellas consecutivas, que aporta datos sobre la forma de avanzar de estos animales. Relacionando ambos datos obtenemos información sobre el paso del animal y descubrimos si el animal corría o simplemente caminaba.
Las huellas de dinosaurios están especialmente localizadas en el área de Cameros, una zona de importantes yacimientos que comparten La Rioja y Soria, pero el punto de partida más recomendado para iniciar la ruta de los dinosaurios es Enciso que, junto a sus aldeas, formaba un núcleo de ganadería lanar de cierta importancia en torno al río Cidacos.
Enciso guarda un rico pasado histórico reflejado en sus dos templos, Santa María de Estella, del siglo XVI, y San Pedro, construido sobre un viejo templo románico. En la parte alta de la villa se pueden ver los restos de su antiguo castillo, pero los turistas que llegan hasta aquí se «enganchan» rápidamente con la temática de los enormes reptiles al iniciar la visita. Primero, simplemente al pasar por su ayuntamiento presidido por un curioso reloj. A las horas en punto sale de su interior un dinosaurio mecánico que emite el clásico rugido deestos animales que no deja indiferente a nadie.
A solo unos doscientos metros del corazón del casco viejo se encuentra el Centro Paleontológico de Enciso, un interesante museo dedicado a los dinosaurios instalado en una antigua fábrica de zapatillas. El centro se dedica la investigación de los restos de estos animales, fundamentalmente icnitas, y a la difusión de sus estudios. Contramoldes de huellas, reproducciones a escala reducida de los dinosaurios y paneles informativos son un estupendo preámbulo antes de visitar los yacimientos.
Es en Enciso y su área más próxima donde se encuentra la mayor concentración de huellas. En el yacimiento de Poyales, por ejemplo, se aprecian huellas de pies palmeados y en Navalsaz se han encontrado pisadas de hasta setenta y cinco centímetros, pero es el de Valdecevillo el que más destaca tanto por la calidad de las huellas halladas como por los espectaculares paisajes que desde allí se divisan. En este lugar se pueden descubrir las icnitas de un grupo familiar de dinosaurios. El yacimiento del Barranco de Los Cayos, en Cornago, también impresiona al viajero porque aquí existen numerosas huellas pertenecientes a diferentes especies. Sobresalen treinta y seis correspondientes a carnívoros de un tamaño considerable.
El oasis de Arnedillo
En el mismo Valle de Cidacos también vale la pena visitar Munilla, otro antiguo enclave industrial dedicado al textil, donde se hallan dos importantes yacimientos: el de Peña Portillo, con impresiones de la cola de un dinosaurio y el del Barranco de La Canal, muy relevante por poseer el rastro de huellas más largo de los descubiertos en La Rioja.
Continuando nuestra ruta, se llega a Arnedillo, un «oasis» rodeado de curiosos parajes en los que habitaron estos animales. Su mayor reclamo turístico es el balneario, uno de los más cotizados de la red española. Sus aguas han dado fama a esta localidad ya que son utilizadas para dolenciasde articulaciones y también para enfermedades respiratorias de la piel. Los circuitos acuáticos del balneario pueden apaciguar el esfuerzo del paseo para descubrir las históricas huellas e incluso se puede nadar y recibir los reconfortantes chorros de agua en su piscina exterior. La experiencia es única en cualquier época del año porque además de recibir las aguas se puede disfrutar viendo el vuelo de las rapaces en lo alto de las cumbres cercanas.
En Préjano, poblado minero que trabajaba el carbón, se hallan los yacimientos de Valdete, en el que se ha descubierto una pista en la se observan indicios de cojera en uno de estos grandes saurios, y Valdemurillo, cuyas huellas aportan información de un cuadrúpedo de cuello estirado. Y, por último, en Igea, en el mismo Valle del Alhama-Linares, se conserva un interesante tronco fósil de conífera, resto que nos da idea del prehistórico paisaje de La Rioja. En el mismo pueblo, se enclava la Era del Peladillo, que atesora las huellas de un dinosaurio que nunca, hasta el momento, ha sido hallada en parte alguna, y que ha adoptado el nombre de la localidad.
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