JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN
Sencilla y profunda. Qué lecciones de vida encierra esta pequeña y redonda pieza de Éric-Emmanuel Schmitt. «El señor Ibrahim y las flores del Corán» es la entrega dedicada al islamismo y el judaísmo dentro de la denominada «Trilogía de lo invisible», compuesta por tres narraciones breves en las que el autor francés se aproxima de forma clara y sensible a las grandes religiones del mundo; las otras dos se centran respectivamente en el budismo («Milarepa») y el cristianismo («Oscar y Mamie Rose»).
En 1999, Bruno-Abraham Kremer adaptó al teatro «El señor Ibrahim...», y en 2003, François Dupeyron la llevó al cine con Omar Shariff como protagonista. Así, el encanto, la frescura, la emoción limpia que transmite la historia ha cautivado a lectores y espectadores de todo el mundo. A finales de 2004, se estrenó en el Teatro María Guerrero esta versión escénica en castellano, escrita y dirigida por Ernesto Caballero, que se ha recuperado en el Teatro Arenal, protagonizada como entonces por Juan Margallo. Una adaptación ejemplar que concentra toda la acción del relato en la cotidianidad de la tienda de comestibles que, en el París de los años 60, regenta un maduro musulmán; a este modesto establecimiento de barrio acude Moisés, un adolescente judío que roba una lata de sardinas, un hecho que desencadena un proceso de comprensión, respeto mutuo, generosidad, convivencia y afecto. Esto es una alianza de civilizaciones y lo demás son gaitas.
El montaje está dirigido con transparente eficacia, es decir, de forma brillante, siempre al servicio de un texto en el que dos seres humanos son capaces de mirarse con los ojos del corazón. El señor Ibrahim es Juan Margallo, serena, sabia y maravillosamente transmutado en ese mahometano que interpreta el Corán como un compendio de amor y tolerancia. La mirada del otro, la del jovencito judío de familia desestructurada, corre a cargo de un actor nuevo en esta plaza, el debutante Ricardo Gómez, a quien hay que alabar su coraje para saltar de una serie televisiva de gran éxito como «Cuéntame» a las tablas, donde debe defender su personaje a cuerpo limpio, y lo hace bien.


