
Estadísticas al margen, los doctorados en Anfield aseguran que hay algo de Bill Shankly en Rafa Benítez. Algo más intenso, profundo y sólido que el simple dato numérico que atestigua que el madrileño consiguió la semana pasada igualar las 56 victorias del legendario técnico del Liverpool en sus cien primeros partidos de Liga, superando además a otros históricos como Paisley (54), Houlier (49), Evans (48) o Sounes (40), pero no a Dalglish que mantiene su récord (61).
Benítez no ha ganado todavía la Premier ni se ha acercado, pero sus números en este primer centenario son también mejores que los de Wenger (54) en el Arsenal o Ferguson (45) en el Manchester. Sus 56 triunfos se completan con 18 empates y 26 derrotas. Curiosamente sus éxitos en Liverpool han llegado en otras competiciones. De la «Champions» de Estambul a la Charity Shield (Supercopa) de esta temporada tras derrotar al Chelsea (campeón de Liga), pasando por la «Cup» ganada al West Ham y la Supercopa de Europa contra el CSKA de Moscú.
Al margen de los títulos, de la refundación del club, son muchos, incluso prestigiosos críticos ingleses, los que consideran que encuentran en Benítez raíces que dejara crecer Shankly. No estará 15 temporadas en el banquillo de Anfield ni llegará a los 753 partidos ni sus citas serán tan famosas a lo largo de los años, pero el madrileño trabaja con sus futbolistas como lo hacía el escocés. Les convence de que son los mejores, de que tienen que mejorar, de que nada de lo que han ganado en el pasado cuenta, sino lo que está por llegar, y sobre todo de que están en un club que no tiene parangón.
Cuando el Liverpool eliminó al Chelsea en semifinales de la «Champions» 2005, mientras Anfield enloquecía porque se veía en otra final veinte años después, el técnico se dirigió hacia Hyppia y Carragher y sobre el mismo césped les comentó acciones del partido para corregir. Dicen que Shankly hacía lo mismo. Y es que quizá para Benítez el fútbol no sea cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante.


