
Jaime Mayor Oreja pide disculpas por su error en presencia de Iturgaiz. FOTO: JOSU ONAINDÍA
MADRID/BILBAO. El presidente del Gobierno, el grupo parlamentario de la Cámara vasca y el propio secretario general del PP han impedido que Jaime Mayor dimitiera de sus responsabilidades parlamentarias en Vitoria, una vez constatada que su ausencia en la votación en el pleno de Presupuestos para el 2003 ha podido facilitar la aprobación de los mismos, cuando el tripartito nacionalista daba ya por prorrogados los del ejercicio anterior.
Las circunstancias se han conjurado a favor del Ejecutivo de Ibarretxe. De antemano se sabía que se iban a producir dos ausencias, la de Josu Ternera -en paradero desconocido desde hace más de un mes- y la de la parlamentaria socialista Idoia Mendia -que ya había hecho saber a la Mesa del Parlamento su imposibilidad de asistir ya que acababa de dar a luz después de permanecer varios días ingresada-. Estas dos ausencias ya sabidas colocaban a la oposición con 37 escaños frente a los 36 que suman los partidos que apoyan al Gobierno.
Pasadas las nueve y media se inició el pleno y no habían transcurrido diez minutos cuando desde las filas nacionalistas se hicieron cuentas y comprobaron la ausencia de Otegi, aquejado, al parecer, de bronquitis, y de Mayor Oreja. Eusko Alkartasuna ya sabía que el líder del PP no había pasado la noche en Vitoria; el secretario general de EA, Gorka Knorr, y Mayor Oreja tienen plazas de garaje contiguas y Knorr, al salir del casa, comprobó que la plaza de Mayor estaba vacía. Naturalmente los números les eran sorprendentemente favorables: la oposición sumaba a las 10 de la mañana 35 escaños y el Gobierno 36. Para no perder un segundo, los portavoces nacionalistas y el IU renunciaron a sus intervenciones en apoyo de los Presupuestos.
Error de los portavoces
Pero la oposición no valoró esta circunstancia, por eso el parlamentario del PP, Anton Damborenea, afirmaba desde la tribuna que «no deja de ser curioso que nadie defienda el presupuesto», refiriéndose al silencio nacionalista. Y la socialista Pilar Unzalu aventuraba que «puesto que van a ser rechazados», el tripartito se vería obligado a negociar. También intervino el portavoz de Socialistas Abertzaleak, Antton Morcillo. Ninguno de los tres portavoces llegó a consumir el tiempo que les correspondía.
Habría bastado que Damborenea se extendiera en su intervención o que el grupo del PP hubiera interpretado correctamente el silencio nacionalista y solicitado un descanso para que Mayor Oreja hubiera llegado a tiempo. Pero nada de esto ocurrió y a las 10,17, más de tres horas antes de lo previsto se procedió a la votación. Pasadas las 10,30 Mayor Oreja llegaba a la puerta del pleno al que no pudo acceder por haber comenzado ya la votación y lo hacía treinta minutos antes de la hora sugerida por su propio grupo parlamentario, que, de acuerdo con las intervenciones propias de estos plenos, habían calculado que en torno a las once se iniciaría el turno correspondiente al PP. Ocurrió que una vez más, el PNV les «sorprendió» saltándose el guión establecido, el habitual en cualquier régimen parlamentario.Comprobado el tablón de cómputo de votaciones que por un voto el Gobierno vasco había logrado lo inesperado, las reacciones no se hicieron esperar. La de Mayor Oreja tampoco. De inmediato, se fue a su despacho y desde allí se puso en contacto con Aznar, el secretario general del PP, Javier Arenas, y en cuestión de minutos se vio acompañado por la totalidad de su grupo.
La primera reacción del líder de los populares vascos, consciente más que nadie del alcance político de su ausencia, fue considerar en voz alta su propia dimisión. La reacción del grupo parlamentario fue inmediata y contundente: «de dimisión, nada. Tienes que pensar en el partido, más que en tu ánimo», se le dijo. En términos similares se pronunciaron tanto el presidente Aznar como el propio Javier Arenas, cuya primera reacción no ha sido otra que la de amparar y apoyar al líder del PP en el País Vasco.
Mantenidas estas conversaciones y disuadido por sus más próximos de cualquier atisbo de dimisión, Mayor Oreja compareció en rueda de prensa para pedir perdón. Su abatimiento era palpable y el de su partido también. Y no tanto porque el PNV hubiera logrado sacar adelante los presupuestos -«se las hubieran arreglado de cualquier manera para la prórroga»-, como por el desconcierto que pueda crear en el conjunto del PP. En la sede de la calle Génova, en Madrid, el «susto» no ha sido menor, pero tanto el grupo parlamentario en Vitoria como el propio Aznar han marcado el terreno, que no es otro que el de apoyar a Mayor Oreja. En medios socialistas se asegura que las ausencias que hay que explicar son otras, porque «la voluntad de Mayor Oreja era inequívoca -asegura Rodolfo Ares-, lo que no es tan inequívoco es la voluntad de otros», en clara referencia a Otegi.
La buena fe
Queda también por saber si la presencia de Mayor Oreja no hubiera conllevado una ausencia más de Socialistas Abertzaleak; pero esto no es más que una mera especulación, como se reconoce desde el propio PP del País Vasco, que no duda en calificar lo ocurrido como «algo muy serio, pero que en absoluto puede cuestionar el liderazgo de Jaime Mayor. Todos hemos estado en la buena fe y está claro que los nacionalistas están a la que salta y nosotros tenemos que estar más espabilados, eso es todo».
El resultado de la votación hizo que Joseba Egibar otorgara a Mayor Oreja el título de «Olentzero» para el Gobierno Vasco y que la vicelehendakari,Idoia Zenarruizabeitia calificara lo ocurrido como «la derrota de la coalición del no. No son nadie los unos sin los otros», sentenció la responsable del área económica del Gobierno de Vitoria, mientras tiraba a la papelera el borrador de ley de acompañamiento, que ya tenía elaborada ante la que parecía inevitable prórroga presupuestaria.
La trascendencia de lo ocurrido tiene una doble vertiente: la estrictamente vasca, en donde superado el disgusto no hay más decisión que la de cerrar filas en torno a Mayor Oreja, y la vertiente de la sucesión, sobre la que también se hablaba ayer en el Parlamento vasco. En Vitoria se aventuraba que ahora el «peligro» de Jaime Mayor no está entre los suyos del País Vasco, sino entre los suyos que en Madrid pugnan por la sucesión.
Las circunstancias se han conjurado a favor del Ejecutivo de Ibarretxe. De antemano se sabía que se iban a producir dos ausencias, la de Josu Ternera -en paradero desconocido desde hace más de un mes- y la de la parlamentaria socialista Idoia Mendia -que ya había hecho saber a la Mesa del Parlamento su imposibilidad de asistir ya que acababa de dar a luz después de permanecer varios días ingresada-. Estas dos ausencias ya sabidas colocaban a la oposición con 37 escaños frente a los 36 que suman los partidos que apoyan al Gobierno.
Pasadas las nueve y media se inició el pleno y no habían transcurrido diez minutos cuando desde las filas nacionalistas se hicieron cuentas y comprobaron la ausencia de Otegi, aquejado, al parecer, de bronquitis, y de Mayor Oreja. Eusko Alkartasuna ya sabía que el líder del PP no había pasado la noche en Vitoria; el secretario general de EA, Gorka Knorr, y Mayor Oreja tienen plazas de garaje contiguas y Knorr, al salir del casa, comprobó que la plaza de Mayor estaba vacía. Naturalmente los números les eran sorprendentemente favorables: la oposición sumaba a las 10 de la mañana 35 escaños y el Gobierno 36. Para no perder un segundo, los portavoces nacionalistas y el IU renunciaron a sus intervenciones en apoyo de los Presupuestos.
Error de los portavoces
Pero la oposición no valoró esta circunstancia, por eso el parlamentario del PP, Anton Damborenea, afirmaba desde la tribuna que «no deja de ser curioso que nadie defienda el presupuesto», refiriéndose al silencio nacionalista. Y la socialista Pilar Unzalu aventuraba que «puesto que van a ser rechazados», el tripartito se vería obligado a negociar. También intervino el portavoz de Socialistas Abertzaleak, Antton Morcillo. Ninguno de los tres portavoces llegó a consumir el tiempo que les correspondía.
Habría bastado que Damborenea se extendiera en su intervención o que el grupo del PP hubiera interpretado correctamente el silencio nacionalista y solicitado un descanso para que Mayor Oreja hubiera llegado a tiempo. Pero nada de esto ocurrió y a las 10,17, más de tres horas antes de lo previsto se procedió a la votación. Pasadas las 10,30 Mayor Oreja llegaba a la puerta del pleno al que no pudo acceder por haber comenzado ya la votación y lo hacía treinta minutos antes de la hora sugerida por su propio grupo parlamentario, que, de acuerdo con las intervenciones propias de estos plenos, habían calculado que en torno a las once se iniciaría el turno correspondiente al PP. Ocurrió que una vez más, el PNV les «sorprendió» saltándose el guión establecido, el habitual en cualquier régimen parlamentario.Comprobado el tablón de cómputo de votaciones que por un voto el Gobierno vasco había logrado lo inesperado, las reacciones no se hicieron esperar. La de Mayor Oreja tampoco. De inmediato, se fue a su despacho y desde allí se puso en contacto con Aznar, el secretario general del PP, Javier Arenas, y en cuestión de minutos se vio acompañado por la totalidad de su grupo.
La primera reacción del líder de los populares vascos, consciente más que nadie del alcance político de su ausencia, fue considerar en voz alta su propia dimisión. La reacción del grupo parlamentario fue inmediata y contundente: «de dimisión, nada. Tienes que pensar en el partido, más que en tu ánimo», se le dijo. En términos similares se pronunciaron tanto el presidente Aznar como el propio Javier Arenas, cuya primera reacción no ha sido otra que la de amparar y apoyar al líder del PP en el País Vasco.
Mantenidas estas conversaciones y disuadido por sus más próximos de cualquier atisbo de dimisión, Mayor Oreja compareció en rueda de prensa para pedir perdón. Su abatimiento era palpable y el de su partido también. Y no tanto porque el PNV hubiera logrado sacar adelante los presupuestos -«se las hubieran arreglado de cualquier manera para la prórroga»-, como por el desconcierto que pueda crear en el conjunto del PP. En la sede de la calle Génova, en Madrid, el «susto» no ha sido menor, pero tanto el grupo parlamentario en Vitoria como el propio Aznar han marcado el terreno, que no es otro que el de apoyar a Mayor Oreja. En medios socialistas se asegura que las ausencias que hay que explicar son otras, porque «la voluntad de Mayor Oreja era inequívoca -asegura Rodolfo Ares-, lo que no es tan inequívoco es la voluntad de otros», en clara referencia a Otegi.
La buena fe
Queda también por saber si la presencia de Mayor Oreja no hubiera conllevado una ausencia más de Socialistas Abertzaleak; pero esto no es más que una mera especulación, como se reconoce desde el propio PP del País Vasco, que no duda en calificar lo ocurrido como «algo muy serio, pero que en absoluto puede cuestionar el liderazgo de Jaime Mayor. Todos hemos estado en la buena fe y está claro que los nacionalistas están a la que salta y nosotros tenemos que estar más espabilados, eso es todo».
El resultado de la votación hizo que Joseba Egibar otorgara a Mayor Oreja el título de «Olentzero» para el Gobierno Vasco y que la vicelehendakari,Idoia Zenarruizabeitia calificara lo ocurrido como «la derrota de la coalición del no. No son nadie los unos sin los otros», sentenció la responsable del área económica del Gobierno de Vitoria, mientras tiraba a la papelera el borrador de ley de acompañamiento, que ya tenía elaborada ante la que parecía inevitable prórroga presupuestaria.
La trascendencia de lo ocurrido tiene una doble vertiente: la estrictamente vasca, en donde superado el disgusto no hay más decisión que la de cerrar filas en torno a Mayor Oreja, y la vertiente de la sucesión, sobre la que también se hablaba ayer en el Parlamento vasco. En Vitoria se aventuraba que ahora el «peligro» de Jaime Mayor no está entre los suyos del País Vasco, sino entre los suyos que en Madrid pugnan por la sucesión.



