El mundo asiste a una nueva paradoja. Mientras la mayoría de los países desarrollados se preocupa por contener el número de cesáreas, un informe de la revista médica «The Lancet» denuncia que más de 80.000 mujeres mueren cada año en el mundo por no tener acceso a una cirugía tan sencilla. El informe de la Escuela de Medicina Tropical de Londres asegura que en 42 países de África, Asia e Iberoamérica la cesárea no está al alcance de todas las mujeres que la necesitan.
Los países más pobres entre los pobres, como los de África subsahariana, esta cirugía no es ni siquiera una opción para las familias más ricas. En Latinoamérica, con un mayor nivel de desarrollo, la tasa de cesáreas está muy por debajo de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La situación es diametralmente opuesta en el mundo rico. El aumento de demandas judiciales a médicos, los partos múltiples y la falsa sensación de seguridad que proporcionan las cesáreas a las mujeres, así como el miedo a sufrir problemas de incontinencia urinaria están disparando el número de partos abdominales. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la mayoría de los países superan el 15% de cesáreas por nacimiento como aconseja la OMS. España no es una excepción.
Exceso en las clínicas privadas
La semana pasada, el Ministerio de Sanidad manifestó su preocupación por el «excesivo» número de nacimientos que cada año se producen con la ayuda de la cirugía. El incremento es llamativo en las clínicas privadas, donde a veces se convierte en una intervención a demanda de las madres. Frente al 35,26% de cesáreas que se realizan en centros privados, los hospitales públicos no alcanzan el 22%, pese a atender los embarazos más complejos.En Estados Unidos, un estudio publicado hace un año advertía que más de la mitad de los nacimientos por vía abdominal eran innecesarios, es decir, no había urgencia ni criterio médico para aconsejarlos. Y los riesgos son siempre mayores que en un parto natural.