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Un rey ruso, peones españoles

POR FEDERICO MARÍN BELLÓNMADRID. A falta de un campeón mundial, España puede presumir de haber colocado a dos de sus mejores ajedrecistas en el equipo de ambos contendientes durante el encuentro

Actualizado 28/10/2006 - 13:21:05
A falta de un campeón mundial, España puede presumir de haber colocado a dos de sus mejores ajedrecistas en el equipo de ambos contendientes durante el encuentro dirimido en Elista. En un juego tan individualista, donde las sustituciones y los tiempos muertos no existen, la labor de los ayudantes es más importante de lo que cabe suponer.
Miguel Illescas, quien ya ayudó a Kramnik a derrocar a Kasparov en el año 2000, se define como una mezcla entre experto y gurú: «Aparte de un asesoramiento general, como entrenador y como amigo, oriento sobre la personalidad del rival y las características del encuentro, dentro y fuera del tablero». La apuesta del búlgaro Veselin Topalov es el menorquín Paco Vallejo, gran experto en las aperturas (primeras jugadas de la partida) que más se jugaron en el último Mundial y capaz de derrotar a su jefe, como ha demostrado en varias ocasiones. «Como Kramnik cambia tan poco de aperturas, mi misión era encontrar ideas nuevas en esas líneas. Topalov hacía una cosa muy sencilla, cambiar al principio y, una vez abiertos todos los frentes, elegir dónde hacer daño». Vallejo tuvo la suerte de que dos de las victorias del búlgaro llegaran en partidas en las que éste había seguido su consejo.
El trabajo de Illescas era algo distinto: «Kramnik tiene sus propias ideas y lo que le falta es tiempo para saber si son buenas o malas. Te enseña la idea y te dice: «Haz que funcione»». En cualquier caso, el barcelonés corrobora que el trabajo con las aperturas «es fundamental». Vallejo presume de que en esta fase su equipo resultó vencedor, ya que Topalov «casi siempre quedó mejor al principio». Miguel no comparte esta teoría: «En una analogía con el boxeo, Kramnik era el jugador fuerte que ocupaba el centro del ring, buscando el cuerpo a cuerpo, y Topalov el que daba saltitos alrededor. Ellos optaron por la estrategia de sorprender con novedades, no sé si a cualquier precio, pero a veces dudosas». ¿Jugó Topalov de farol? «No me cabe duda. En ocasiones llevó al extremo una filosofía resultadista para tener ventaja en el tiempo y conseguir la iniciativa psicológica. Kramnik es más clásico y hay jugadas que, sencillamente, no puede hacer, van contra sus principios».
La ayuda informática se ha revelado imprescindible para el ajedrecista, pero con matices. En opinión de Illescas, «el modelo ideal de trabajo es el de un ordenador y dos entrenadores, uno plenamente concentrado para aportar el elemento creativo, humano, y el otro pendiente del tablero al tiempo que pide consejo a la máquina, que en algunas posiciones es muy valioso. Pero para que ésta trabaje a pleno rendimiento, necesita una buena orientación». Vallejo añade que el ordenador habría sido incapaz de encontrar algunas de sus sugerencias, «más sutiles y profundas». «A veces no entiende una idea y es casi imposible demostrarle que es buena. Prácticamente tienes que darle mate para que la entienda».
Es más fácil de comprender que el trabajo de los ayudantes no tiene fin. «La palabra sindicato no está en el vocabulario de Kramnik», asegura Illescas. «Incluso por la noche, llegaba de repente y te decía: «¿Te importaría mirar un pequeño problema que he visto en una variante?»». «Algunos días -confirma Vallejo- nos quedábamos hasta las cuatro de la madrugada. Nuestro descanso llegaba cuando él jugaba». Illescas coincide en que las partidas eran «el único momento de respiro. Tienes la seguridad de que por lo menos en tres o cuatro horas no va a aparecer».
Se dice que en el equipo de Topalov también había un parapsicólogo, extremo del que Vallejo prefiere no hablar. «Nosotros -dice Illescas- teníamos un cocinero muy bueno, que es bastante más útil, además de un fisioterapeuta».
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