Con la muerte de Joaquín Ruiz-Giménez desaparece una de las figuras más relevantes de la vida política y cultural de la España de la segunda mitad del siglo pasado. Doctor en Derecho, catedrático de Filosofía del Derecho desde 1944 de las Universidades de Sevilla, Salamanca y Complutense de Madrid, dirigió el Instituto de Cultura Hispánica desde finales de 1946. Antes, y como presidente internacional de Pax Romana, presidió en El Escorial un Congreso Mundial de esta asociación de universitarios católicos. En la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander dirigió en los veranos de 1947 y 1948 el Curso de Problemas Contemporáneos. A finales de 1948 fue nombrado embajador ante la Santa Sede. Y en julio de 1951 pasó a desempeñar la cartera de Educación Nacional. En el haber de su gestión cabe reseñar la celebración de la I Asamblea de Universidades Españolas (julio de 1953), la ley de Enseñanzas Medias, la I Bienal de Arte Hispanoamericana, la creación del Museo de Arte Contemporáneo y la incorporación de España a la UNESCO.
En 1962 fue nombrado por el Papa Juan XXIII perito para asistir al Concilio Vaticano II, participando activamente en la Comisión inicial que elaboró el «esquema 1», origen de la encíclica «Gaudium et spes».
Su experiencia romana, tanto en su etapa de embajador como de perito en el Concilio, fue decisiva en el afianzamiento de su condición de hombre religioso, así como en su proceso personal de búsqueda para España de mayor libertad política y de convivencia democrática. La revista «Cuadernospara el diálogo», por él fundada y alentada, fue una aportación significativa en la decisiva coyunturade la transición..
En 1970 fue elegido presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz. En 1972 se incorporó, como miembro, a la dirección del Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, que, tras su primera reunión clandestina en 1973, fue reconocido y admitido en la Unión Europea Demócrata Cristiana. En 1982, a propuesta del PSOE, fue elegido Defensor del Pueblo, cargo que desempeñó hasta 1986.
Salvador Paniker, en su libro Conversaciones en Madrid, trazó este certero retrato de Joaquín Ruiz-Giménez: «Un hombre que rezuma honradez, idealismo, acción, pasión... .. Un hombre bueno y generoso, de una bondad y una generosidad tan directas que desarman».
Y así hasta que ha descansado en la paz del Señor.


