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Rumanos El destape de sus mafias

Rumanos en España. Rumanos en la hostelería, en el servicio doméstico, en los colegios, en la obra, en el parque, en las oficinas y, por supuesto, en la delincuencia. Son muy pocos, pero tienen una

Actualizado 28/08/2007 - 08:04:48
Rumanos en España. Rumanos en la hostelería, en el servicio doméstico, en los colegios, en la obra, en el parque, en las oficinas y, por supuesto, en la delincuencia. Son muy pocos, pero tienen una organización que para sí quisieran muchos ejércitos y un poder que no está al alcance de algunos estados. Se han convertido en los «señores» de algunos lugares de Europa por donde se mueven como usted y yo por nuestro barrio y han tejido estructuras y alianzas que han causado asombro policial al descubrirlas.
En los tres últimos años han caído auténticos grupos mafiosos de esa nacionalidad en nuestro país, expertos en casi todo o más bien camaleones dispuestos a no soltar la presa. Hasta poco antes las energías de los investigadores se centraban en otras nacionalidades. Ahora esas bandas son claves y no se las pierde de vista. Ha cambiado la forma de acercarse a ellas, de derrotarlas e incluso de juzgarlas, por ejemplo, imputándoles asociación ilícita.
Los grandes golpes a estas bandas han sido obra de la Policía. El arranque de un modo de investigar y de una forma de hacer frente a una delincuencia «importada» resulta más que curioso. La Unidad Central de Inteligencia Criminal (UCIC) del CNP en la que se manejan volúmenes ingentes de información, datos, nombres, y análisis almacena parte de ese «tesoro» con fines no operativos. Es, en cierto modo, una información «muerta» a la que hay que revivir. Ellos lo llaman «pasivos». Y entre esos pasivos, allá por el año 2003 aproximadamente, figuraba un número nada despreciable de nombres rumanos, tipos de segunda o tercera, que van surgiendo en algunas investigaciones y pasan de largo.
Creación de una brigada
El momento coincide con la creación de una Brigada de Delincuencia Especializada y Violenta que más tarde se convertiría en unidad (UDEV), y con un grupo de funcionarios imbuidos hasta el tuétano del oficio y la querencia policial. Esa amalgama de circunstancias pone en pie una de las primeras operaciones, aún de pequeño calado, que acaba con la detención de ochenta personas, casi todas rumanas con algún moldavo entre sus filas.
En la «operación Broca» cayeron redes itinerantes de revientacabinas que en unos meses habían desvalijado unas 100.000en varias provincias y causado un perjuicio a Telefónica que superaba los 25 millones de euros. Valencia es uno de sus puntos favoritos. Luego vendrá la «operación Suri», con datos aprovechados. Falsificación de tarjetas y robos y una impunidad hasta entonces total. Uno de los nombres del «pasivo» da la clave y las vigilancias consiguen el resto.
La Policía, de la mano de un juez de Valencia, se apunta otro medio centenar de detenidos y se da cuenta de que ese es el camino para tirar de estos grupos. «Ellos llevaban mucho tiempo trabajando aquí -en referencia a este tipo de redes- pero no les habíamos prestado demasiada atención», recuerda uno de los investigadores.
Se sacan varias lecciones: que se está ante poderosas organizaciones y no grupitos de aficionados, en las que los cargos yfunciones están trazados con tiralíneas: hay uno o varios jefes, hay lugartenientes, falsificadores, ladrones, clonadores y pasadores. La especialización es completa y eso ya supone un reto.
Aparecen nuevas informaciones, nombres no conocidos, actividades más que sospechosas y la Policía se refuerza y se prepara. La «Suri» sigue dando frutos y es el momento de contar con todo el mundo: es la hora de las Brigadas provinciales en las que se dejan empeño y años decenas de policías.
A mediados de junio de 2005empieza a gestarse la «operación Braila», que culminaría en una herida mortal a la mafia rumana. Los investigadores tienen las notas repletas de teléfonos de media España, de norte a sur los delincuentes se están moviendo por todo el país.Son meses de actividad incesante en los que los perseguidos saltan de un palo delictivo a otro como si se tratara de un tablero de ajedrez. Hay tarjetas de crédito y débito para montar un banco, falsificaciones, robos en viviendas, prostitución, tráfico de personas, ajustes de cuentas, extorsiones, narcotráfico y relaciones exteriores.
Coordinación
Los investigadores tienen que recurrir a compañeros de Redes de Inmigración y de Crimen Organizado, a policías rumanos y a jueces. Y tienen que lidiar con la tan traída, pero indispensable coordinación. Algunos agentes se trasladan a Rumanía y aquí vienen cuatro inspectores de ese país para trabajar codo con codo.
Se sabía que la banda estaba capitaneada en España por Iorgu Ionescu, alias «Talanu», un bragado delincuente de Braila que se benefició de una amnistía masiva para salir de la cárcel. El capo dirigía la organización desde la prisión de Valdemoro donde estaba ingresado. Un móvil era su aliado y se apoyaba en cuatro lugartenientes, tan implacables como él, todos internados en cárceles españolas. Las cuentas se rendían a Rumanía. «Siempre hay una cabeza que recibe el dinero por la planificación y las infraestructuras, y ese vértice está en su país. En España tiene a uno o varios jefes que reciben las órdenes y las imparten a su vez», desgrana el comisario jefe de la UDEV, Ángel Galán.
Son células muy cerradas, con mínima conexión entre sí; las relaciones las establecen los jerarcas. Precavidos, instruidos en el oficio del crimen, sofisticados en falsificaciones y clonaciones, disciplinados. Cumplen todos los «requisitos» para complicarle la vida a la Policía.
«Mantienen la ley del silencio contra viento y marea, aunque se la jueguen y en condiciones normales, al contrario de lo que se dice, no utilizan la violencia. Si la pueden evitar, la evitan. Su capacidad para adaptarse a nuevos delitos es sorprendente y para moverse también, por toda Europa», sostiene el comisario.
La «Braila» culminó en marzo del año pasado con 283 detenidos en España y otros 14 en Rumanía (intervinieron de una forma u otra cerca de un millar de agentes). El dragón quedó «herido de muerte», pero dando coletazos, unos estertores que la Policía volvería a aprovechar poco después con otro gran golpe policial. La bautizada como «operación Armagedón», tres meses más tarde, confirmó una a una las teorías sobre las mafias rumanas que ya habían cogido cuerpo entre los investigadores. La organización estaba dirigida por una suerte de «comité central» desde Rumanía (Bucarest y Constanza), el núcleo que diseñaba estrategias, movía a los peones, repartía información y llenaba caja. En España y tras la detención de «Talanu» habían ascendido a padrino a Vasile C., que en su día controlaba las redes de prostitutas rumanas de la Casa de Campo. Cayeron 66 delincuentes dedicados a clonar tarjetas, falsificaciones y asaltos en viviendas y polígonos.
Los «flecos» de la «Braila», como se esperaba, dieron frutos más que sustanciosos. A veces, dicen los funcionarios, lo mejor es dejar a gente «dormir», casi siempre algún segundón y de ahí para abajo, contra los que no hay pruebas demasiado fehacientes. Los jueces reafirman confianzas y los réditos, como ya ha ocurrido, no tardan en llegar. A los dos macroservicios han seguido otros, importanes, pero no con tanto tirón. Aún hay «coletazos» para desovillar durante meses.La próxima estación pasa por fijar vínculos europeos, una telaraña geográfica que «importa» maneras y delitos.
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