
TEXTO: MANUEL TRILLO FOTOS: F. SIMÓN / M. Á. DOMINGO
ZARAGOZA. El paseo por la zona fuera de uso del edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza es una auténtica aventura. El recorrido por el edificio más representativo de una de las principales instituciones académicas de España supone redescubrir un tesoro arquitectónico que hasta ahora, pese a su situación en pleno centro de la capital aragonesa, rodeado de los miles de coches y peatones que transitan cada día por la plaza de Basilio Paraíso, ha permanecido en el olvido en su mayor parte.
Las viejas aulas y los laboratorios de las antiguas Facultades de Medicina y Ciencias aparecen hoy cubiertos de polvo, con las costillas de techos y suelos al aire, las paredes llenas de desconchones, las ventanas desvencijadas, mesas de experimentos destartaladas...
La visión del Aula Magna, escenario en otros tiempos de grandes clases magistrales, es especialmente penosa. Se mantienen las gradas en la clásica forma de anfiteatro, con varios pisos, pero los años de desuso le dan un aspecto muy deteriorado. «Estaba tomada por las palomas y hubo que cerrarles las vías de acceso», afirma durante la visita Mariano Blasco, adjunto al rector para Infraestructuras y Servicios. No hace falta que lo jure, puesto que en mitad de suelo da testimonio de ello un tupido cúmulo de excrementos de estas aves.
En mitad del polvo y el desorden, se adivinan detalles que revelan el antiguo esplendor del edificio, que visitaron personajes ilustres como el propio Albert Einstein, en 1923. Así, los pilares de fundición, en cuyos fustes está grabado el anagrama con las letras «M» y «C» de las iniciales de las dos Facultades para las que fue concebido a finales del siglo XIX.
La organización en Zaragoza de la Expo internacional de 2008 va a propiciar ahora al edificio Paraninfo la oportunidad de recobrar su pasado esplendor. Un ambicioso proyecto de reforma integral, tanto de las partes en desuso como de las que sí se utilizan en la actualidad, se va a acometer en los dos próximos años para que en la fecha de apertura de la muestra la ciudad recupere este emblemático inmueble.
Dos años cerrado al público
Estos días, se recoge el material de las oficinas que alberga el edificio para su traslado y se cubren los documentos del archivo universitario para las obras, que comenzarán este mismo mes. Hasta 2008, permanecerá cerrado al público y sólo los operarios trabajarán en él.
Únicamente el 40 por ciento de los 13.000 metros cuadrados totales han estado en uso en los últimos años. En este porcentaje se incluye el Paraninfo propiamente dicho, que acoge los eventos más solemnes de la institución académica, como la apertura del curso, la investidura de los doctores honoris causa y conferencias y entregas de premios relevantes, como la de la primera edición de los galardones Basilio Paraíso, que presidió el Príncipe de Asturias. Además, en este inmueble se utilizan distintos salones para actos y exposiciones, entre ellas el museo paleontológico de la Sala Longinos Navas, y la biblioteca general de la institución.
El objetivo de la actuación, que costará 16 millones de euros y está incluido en los acuerdos firmados con motivo de la Expo entre las Administraciones local, autonómica y central, es «poner en perfecto estado todo el edificio», porque «no se puede tener un edificio de esta categoría con un 60 por ciento fuera de uso», señala Mariano Blasco. Cuando la obra esté terminada, el edificio cumplirá una doble función. Por una parte, institucional, ya que seguirán acogiendo los actos más importantes de la Universidad, así como conferencias y reuniones, y se incorporará la sede del Rectorado, que actualmente se encuentra en un frío edificio funcional del campus de San Francisco.
«Espacio abierto a la ciudad»
Junto a ello, servirá de «espacio abierto a la ciudad», con la creación de múltiples espacios para la celebración de todo tipo de exposiciones permanente -el museo paleontológico de la Sala Longinos Navas seguirá en el edificio- o itinerantes, así como de congresos y seminarios. Además, seguirá albergando la biblioteca general de la Universidad de Zaragoza.
Pese al aspecto lamentable de las zonas en desuso, el adjunto al rector asegura que el edificio «no es difícil de recuperar», dado que su estado de conservación es «bueno». «Ya se hizo una actuación en las cubiertas y una casa con buen tejado y buenos cimientos, aguanta mucho», asegura. Para Blasco, se trata, sin duda, de «un auténtico reto y una apuesta altamente ilusionante».



