
«Alcalde, ¿y cómo cojo ahora el autobús 149, si ya no pasa por mi calle? ¿Y si me da una «pataleta» y tienen que venir a buscarme a la puerta de mi casa?», pregunta enfurruñada una vecina octogenaria de la calle Fuencarral, peatonalizada tras cinco meses de obras desde la calle Hernán Cortés hasta la Gran Vía. Con una sonrisa, el regidor madrileño delega la cuestión a Pedro Calvo, responsable del área de Seguridad y Movilidad: «Cualquier persona puede acercarse hasta una calle de las trasversales. Si usted estuviera impedida, un vehículo podría acceder hasta su domicilio», responde. Con mayor satisfacción, la mujer reacciona: «Ah, bueno, ¡porque estaba de una uva!...».
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, visitó ayer el resultado de la remodelación de la calle Fuencarral. Agradeció y pidió disculpas a los vecinos por los perjuicios ocasionados durante su construcción y aprovechó la ocasión para hacer hincapié en los grandes beneficios que va a acarrear este tramo peatonalizado a la zona, que culmina un eje de tres kilómetros hecho por y para el viandante. Éste va desde la Glorieta de Quevedo hasta la Plaza de Oriente.
Gallardón se refirió al cambio que está sufriendo Madrid desde hace seis años para que el peatón vuelva a ser el protagonista, en detrimento de los vehículos. No será hasta el próximo mes de septiembre cuando se terminen de incorporar los últimos retoques de la calle comercial.
Los comerciantes se muestran satisfechos con el resultado, aunque ahora solicitan que se incorpore mayor presencia policial y se mantenga la limpieza de la zona.



